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CAPITULO L El padre Mariano de Sevilla - Su actuación de gobernador adjutt• . to en Ja plaza de Cádiz - Su gobierno en el convento - Promotor de la disclp1ina regular durante. su provincialato - Su amor y de– voción a fray Diego - El restaurador del predicador de piaza con el estandarte de la Divina Pastora. Más .joven, pero contemporáneo de fray Diego y uno de sus mejores discípulos, destácase el padre Mariano de Sevilla (1767- 1825) cual astro de primera magnitud y una de las figuras geniales de los capuchinos de· Andalucía . · Según nuestra cqstumbre, antes de desempeñar cargos mayores, ex– plicó laudablemente filosofía y teología; en el 1802 fué nombrado guardián del convento de Córdoba, y en el capítulo de 1805, el nuevo provincial , padre Serafín de Ardales, lo elegía secretario de provinc:ia para que le ayu– dara en los difíciles momentos en que asumió el provincialato. No tardó mucho en privarse de sus servicios, porque. habiendo v¡;icado la guardianía de Cádiz en el 1807 y presintiéndose ya la tormenta que·venía sobre Es– paña, creyó necesario poner al frente de aquel importantísimo convento a un religioso capaz de vencer las múltiples y gravísimas contigencias que · se esperaban, y ninguno mejor que el padre Mariano. Era el Señor quien le movía para mandar a Cádiz a uno de los heroes y salvadores de la patria. · · Para esta fecha se le estimaba ya como varón muy erudito en las cien – cias , amigo de la observancia regular , orador elocuentísimo que captaba la voluntad de sus auditorios, celoso por la gloria de Dios y salvación de' las almas, mortificado para sí y sacrificado por el bien de sus prójimos , pruden te y con osadía pasmosa para enfrentarse con los asuntos más ar– duos hasta darles fe liz solución. Tales dotes son las armas que ha de uti– lizar en la misión que le ll'eva a Cádiz y con las que brillará_hasta su muerte.

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