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EL P. SERAFÍN DE J\RDALES, BJÓGRAFO l?E .FRAY DIEGO ·557 Nav<,1rra, An;rgón y Castilla fuero.n muchísimos los reHgiosos capuchinos que se retiraron a Andalucía, en cuyo µrovinci~I, que lo era nuestro mµy reverendo padre fray Serafín de Ardales, como .en los demás prelados lo– cales, hallaron benigna y compasivél acog·ida, y fuero.n tratados con.toda la distinción que pudo hacérseles. Todos los estudiante.s fueron incorpo,– rados en los .cursos de esta provincia ... Al colegio de esta comunidad, sie– te estudfontes del convento del Dardo de.la provincia de Castilla, y siguie– ron su curso bajo la instrucción del padre Alfonso de Ardales, que era ac– tualmente lector de teolog·ía» (1). Probablemente perteneció a este colegfo fray Ferínín de Alcaraz, después obispo de Cuenca, pues consta que -se ordenó de sacerdote en Montilla. No puepe dudc¡rse que su estaoci.a en .Andalucía influyó en su alma para ser un gran apóstol de la Divina Pasto– ra, como se verá después. La 1?0licitud del provincial para hacer frente a tantos problemas era pasmosa. Se las tuvo que haber con los leales y afra.ncesados, con los propios enemig·os que le invadieron dieciocho conventos, con los absolu– ·tistas y constitucionalistas, con sus propios frailes y con los extraños, ex– claustrados, primero, por la violencia y después, civilmente disueltos, con la indisciplina, escasez y el hambre que por doquier reinaba; pero lo hizo tan prudentemente y con tal fortuna, que sacando el máyor bien de aque– llas tristís·imas circunstancias, superando seis años de terror y ruinas, al siguiente de la expulsión del enemigo tenía organizada nuevamente la ·pro– vincia y pudo celebrar capítulo para que le nombrasen sucesor (2). En todo este turbulento quinquenio, en que se vió la patria humillada y empobrecida, su rey sin corona y exiliado, el trono cedido al intruso Jp– sé.Napoleón, e( clero, la Iglesia y el altar perseguidos, y hasta el Vicario de Cristo déspojado de sus bienes y puesto secretal'nente en prisión, pro– curó el padre Serafín levantar el espíritu de sus súbditos para qúe coope– raran en la defensa de la caus.a de Dios y de la . patria, y con este fin es~ri-– bió una vibrante circular exhortándoles para que se alis'tasen 'en l.as filas de nuestro ejército sirviéndolo como capellanes con su predicación, asis– tencia a los heridos, sepultura a los muertos y en lodo lo·que rió. fuera in- conveniente a su vocación religfosa. · · . El efecto de esta carta fué que al instante se alistar@n treinta y ocho capuc:hinos, a los que se deben añadir trece más qüe ya estaban eh los ca.ni– pos de batalla y presenciaron la victoria de Bailén y de Medellín (3). . Por otra parte se preocupaba mucho de enviar misioúéros ·a· los cam– pos y a las ciudades para alentar y conservar en el pueblo el espíritu de fe y las santas tradiciones como lo hizo el beato Diego. Es digno ·de'a'notarse el gran impulso que se dió en estas misiones a la devoción de la Divina Pastora, porque en casi todas ellas se cai'Ítaban unas coplilla's, rÓÍ1iance ' y éxpresión del estado en que se hallaban la Jg·Iesia y la patria y df !Ós viv~s ·1. L. c., f. 2Ó6. - 2: El p~dre J ~sé de CambÍl, gua,rdián de nu~~tio' convei-1t~ de · Sevilla, ·consiguió de)a Regencia; eri 1813, un decreto en cuya virtud se -nos aevolvía dicho co:wento y se alitorizáb'a a "los capuchinos para ·vivir en él como ·antes '. La apettúra· de iníestra ·ca_sa asornbró a las demás Ordenes religiosas, disueltas, y costó a la Regencia ser desposeída ,.ék su autoridad. Tal era el encono de la política contra los religiosos, olvidándose de su heroica coo– peración pata la victoria. Fr. Angel, o. c., ff. 227-29. - 3. Ib., ff. 158-60, donde está copiada _ la circular, fechada el 15 de marzo de 1809:
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