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556 LA' DIVINA PASTORA Y EL BTO. DIEGO J. DE C. ubra cjue eI ·pa·dre fray Diego trabaja-se; desahogó, sí, su áfecto·y devo– ción, alcanzando con los padres de la provincia que esta nueva solemni– dad se·celebrase por nosotros con todo aquel aparato y culto que, según nuestros usos, puede decirse culto sHpremo en lo exterior, que damos en las fiestas principales del año eclesiástico, tanto en el coro como en el altar y refectorio . En los convento~ en que no había imagen de la Señera en el traje y ·acción de pastorear· a las ovejas, que su Hijo le encomendó desde la Cruz, donde consumó su dicho, Bonus Pastor animam suamdat pro ovibus suis, la proporcionó, y .en todos se le hace novenas, con n· u– cha concurrencia y conocido fruto de los fieles. De esta advocación prdi– -có muchas veces, siempre _con partrcular novedad y ternura , logrando aumentar el número de los devotos de la Señora y el acrecentamiento de su culto> (1). No logró el padre Luis ver estampada su vida del apóstol ,que siguió inédita hosta el 1862, cuando el proceso apostólico de la beatificación de fray Diego comenzó a moverse en Roma. Entonces, el milagro de la cura– ción 'instantánea de la tísica sor Adelaida Quirós, verificado en el mismo año, y cinco después el del sudor de sangre vivi ente de los áridos huesos del venerable, hicieron qué esta vida alcanzase con su publicación una ac– tualidad extraordinaria, vendiéndose en brev e tiempo todos sus ejempla– res, que fueron los portavoces de la santidad de fray Diego , como após.1ol .de Cristo y de la Divina Pastora. Pertenece a este período elpadre Serafín de Ardales (1757-1819), figu– ra preeminente entre los capuchinos andaluces por su piedad , cultura y prudencia en los negocios. · Enseñó filosofía y teología, fué guardián en los conventos de Anteqae- ..ra y Cádiz, secretario de provincia y, últimamente, ministro provincial durante nueve años continuos (1805-14), caso único, debido a las convul – siones sociales. · Como varón fuerte y padre próvido de sus súbditos, fué eleg·ido por ,Dios para regir los destinos de su provincia durante los turbulentos afos ,de la i¡wasión francesa , en que fueron perseguidos los religiosos , ex::rul– -sados violentamente de sus conventos y, al fin, disueltas las Ordenes reli– ·giosas, conflicto pavo,·osísimo para un superior, capaz de abatir al co ~a– zón más invicto. El padre Serafín no solo tuvo que atender a las grandes e imperiosas necesidí;J..des de sus súbditos, sino_también hubo de abrir sus brazos para .socorrer a los capuchinos de las otras provincias, que huían del invasor buscando· seguridad en el rinconcito andaluz, indomable al enemigo. Sólo de Castilla llegaron veinte y seis, cuando la pérdida de Madrid , entre el los venían algunos estudiantes, que cuidó agregarlos a nuestros colegios para que continuaran sus estudios (2). Nuestras crónicas de Cádiz dicen a este respecto: «El nuevo furor con que entraron los enemigos y la rabia con que perseguían a los eclesiásti– cos de todas clases, fué causa de que emigrasen la mayor parte de ellos buscando acogida en las provincias libres. Así es que de las provincias de 1. VERDADERO ·nu11ATO, pp. 129 y s . - 2. Fr. Angel, o. c., l. 2. 0 , t. 139.
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