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554 LA DIVINA PASTORA Y EL BTO. DIEGO J. DE C. Antonio de Sevilla (1744-1813), segundo biógrafo de fray Diego, su compa-• ñero íntimo y por demás predicador entusiasta de la Divina Pastora. Era hijo de los marqueses de Medina, hermano de don Antonio Val– cárcel y Vargas, que llevó también el título, y de don Ignacio, caballero de Calatrava y canónigo de la catedral de Sevilla. Fué en la provincia Bética uno de sus miembros dis!Inguidos, tanto por la nobleza de su sangre cuanto por su cultura, celo apostólico y acti– vidad en sus servicios para honrar a su madre la Orden seráfica. Desem– peñó los cargos de lector de teología, guardián en Málaga y Antequera , custodio general, tres veces primer definidor de provincia y cronista ·de la misma. Siendo lector en el convento de Málaga (178a-87), intimó mucho con fray Diego, el que pertenecía a la familia conventual y le llamaba su compañero. Orador muy fino y de lucimiento, era muy solicitado para las granjes solemnidades. Predicó en la profesión religiosa de su sobrina, la madre Josefa de Vargas Zúniga Sotomayor Sánchez de Arjona, capuchina del convento de Sevilla, y el sermón se dió a la estampa (1). Con motivo de la invasión francesa, para evitarle fos molestias de la dispersión, fué invi– tado por el obispo de Ceuta a pasar en su palacio el tiempo que quisiera, lo que no aceptó; pero, en cambio, marchó al lado de su hermano Antonio, comandante general de artillería, para asistir a la batalla de Bailén, donde estuvo hasta lograr la victoria (2). Por el mes de octubre de 1810, ascendido el marqués de Medina ama– ríscal de campo de los reales ejércitos de artillería y nombrado por la re– gencia de España gobernador y capitán general del reino de Chile, embar– có con él su hermano, el padre Luis Antonio, con rumbo a dicha ciudad, para cuyo obispado estaba propuesto (a), y no llegó a verificarse, tal vez por la insurrección del general Carrera y O•Higgins, que lograron la inde– pendencia de Chile, en 1813, fecha en que murió a bordo el padre Luis Antonio, cuando regresaba a la península. Trabajó mucho por glorificar la memoria de fray Dieg·o y fué uno de sus más apasionados devotos. La oración fúnebre en las solemnísimas exe– quias, que le celebró la ciudad de Ronda, estuvo a cargo del padre Luis An– tonio, y fué de tanto agrado a los oyentes, que mereció le nombraran caba– llero d_e la real maestranza de Ronda (4). Con inquietud alarmante removió el cielo y la tierra, para que se es– cribiese y publicara la vida del apóstol gaditano, y, llevado de su amor al yenerable, se quejaba de lo que él creía morosidad en el padre Alcover, encargado de escribirla. Cuando éste la entregó, levantando ya su mano del asunto, el padre Luis Antonio fué comisionado, en el 1805, para escribir la vida del venerable padre Céídiz y por lo tanto es su segundo biógrnfo. Conoció la Historia de la vida interior y exterior del bienaventurado fray Diego por el padre· Alcover y no quiso seguir su plan ni método, prefirien– do los de esas vidas anticuadas que tienen más de exégesis ascética y mís– tica, que de historia y ordenación cronológica. Por esto resultó abultada y hoy fuera del estilo y crítica históricos. En cambio, la del padre Alcover 1. Fr. Angel, o. c., l. 2.º, f. 3. - 2. Ibid., f. 160. - 3. Ibid., f.. 200. - 4. P. Luis Anto– nio de Sevilla, faoGro fÚNE~RE' .. Málaga, 1802.

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