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EL P. ALCOVBR, BIÓGRAFO DB FRAY DIEGO Respectp a su fondo y forma se adelantó el padre Afcover más· de un siglo a_ los modernos biógrafos, que eluden los comentarios ajenos a In historia, cifÍéndose a la narración má.s o menos amenizada de.los hechos. En cuahto a la verdad histórica estimamos que el autor se aco111oda n ella y cuando en alguna carta los datos son deficientes, los completa co_n otra o con otros docu_mentos que él tenía a la vista. 5u característi-ca es ia densidad de ideas y acontecimientos, sin detenerse en frases y palabn.'ls . inútiles. No puede admitirse que el autor intentase tergive"rsar los hechos, por su amor a la verdad y su afá.n por recogerla de los testimonios autén– ticos. . En su género resulta una obra completa, pues se trata, aunque no ge diga, de un compendio. La vida tota.l, complela, del beato aún nb se hn escrito. En todas hay lagunas, porque el documental probatorio y el que llamaríamos autobiográ.fico son tan abundantes, que darían rilaferia pará muchos y abultados volúmenes. Referente al retrato literario de fray Diego debemos dedr que de la ci– tada obra surgen tres, a cual má.s hermoso: el que copia del propio padre Gonzá.lez sobre la vocación del apóstol y principios de su ministerio (1); el que hace el propio padre Alcover del temperamento y fisonomía de! beato, pieza literaria perfectísima, cariñosamente trazada en todos sus rasgos con el esmero que un padre pone en la descripción de su hijo; y por último, el que resulta de toda la obra, que no debe ser tan vago_, de'... ficiente y frío, porque, casi un siglo des·pués cuando se descubrió el ma– nuscrito, fué amorosamente acogido por el arzobispo señor Cos, después cardenal, y publicado con general aceptación por el fino literato don Joa– quín Torres Asensio. A los que no pudieron entender los motivos que tuvo el autor parn levantar su mano de la obra, les decimos con el citado Torres Asensio: «Ahora que han pasado noventa años, ya podemos rastrear que la divina Providencia no quería, y por eso las autoridades eclesiá.sticas no creyeron oportuno que, cuando estaban aún calientes las venerables cenizas del gran misionero, se publicara esta relación de su vida interior> (2). · . No fué, pues, por carencia de dilección a su dirigido, ni por temor:a nada ni a nadie, porque de existir tales presUnciones, lo natural _ern rom.:. per el manuscrito o corregirlo, pero no entregarlo a la Ord'en capuchina; cuyo objetivo no pudo ser otro sino el que ella, en ocasión propicia, lo pu- blicara. · Tenemos escrito un estudio sobre el padre Alcover, y por si no s'lle a la luz pública, ofrecemos este homenaje al virtuoso y sabio director el cual, si no fué un apóstol de la devoción, merece nuestra gratitud por haber confirnmdo los propósitos de fray Diego y legándonos el epistolario y fo interesante vida de su dirigido, donde hemos podido espigar las preciosas noticias que pueden leerse en la segunda parte de este _libro sobre los tra– bajos y afanes del beato para obtener la fiesta de la Divina Pastora, cuya -repetición ahora nos parece innecesaria. Merece especial mención, en este grupo de apóstoles,-el padre Luí~ 1. O. c., pp. 31-39. - 2. Ib., VII-VIII. 70
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