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552 LA DIVINA PASTORA Y EL BTO. DIEGO J. DB C. dimbre de acontecimientos y feclias, hacinados por : millares, requería muchos años para su selección y ordenamiento. En segundo lugar es un exponente del cariño y solicitud por la gloria póstuma de su hijo espiritual. ~Todo lo que refiero en ella-dice en el prólogo-es extracto de los mismos documentos originales ... Sólo, pues, he añadido algunos breves períodos o transiciones de un asunto a otro: Por lo demás, así la suslan– cia co·mo las palabras de lo que respectivamente se trata son del venerable fray Diego, o tomadas de los documentos originales» (1). En abril de 1805 está el manuscrito en poder del padre provincial de Andalucía, a quien comunica su autor, al decir de otro biógrafo, que levan– taba la mano del asunto, sin que hasta ahora se haya rastreado el motivo de tal novedad (2). Estas frases y el mismo hecho de por sí indujeron a ciertos escrito:"es a crear en torno de la obra una atmósfera desfavorable, afirmando t:no que. entre las principales causas que tuvo para ello, fué la principal el temor a la cdtica que harían de su obra. El no había sido completamente fie '. al citar las palabras o cartas del beato; conservando el texto de ellas sustan– éialmerite, había introducido variaciones accidentales, intercalando pala– bras de su propia cosecha, y poniendo en boca o en pluma de fray Diego favores y cosas que él no escribió, y como entre los religi osos y aún entre los seglares se conservaban copias exactas y auténticas de las cartas que él citaba, era facilísimo notar las variaciones y quedar su escrito sin mé– rito ni prestigio a los ojos de la sana crítica; pero aún se conjetura que 'teJnió otra cosa. Si la envidia y maledicencia de los impíos tomó por blan - co de sus tiros a fray Diego durante su vida hasta delatarlo a lá lnquisi– ·cjón, después de muerto se envalentonaron más y descargaron toda su saña cual si quisieran oscurecer el brillo de su gloria. Publicar su vida era ~onstituirse en defensor del perseguido y hacerse blanco de los tiros diri– gidos contra él; y el padre Alcover quizás no tuvo valor para tanto. Se ne– c<:;sitaba ser mártir y él se contentó con ser confesor. ¡Si hubiese sido el padté González... ! . Otro escritor. por su parte, asegura que el padre Alcover pudo y debió d~iarnos un fiel retrato de su dirigido, contándonos,-permítase¡10s que por cuenta nuestra lo digamos todo en una sola frase-las heroicas virtu– des de su gigante espíritu, anhelándolo, quizás, en estilo vibrante y suges– tivo; y sin embargo habla tan vagamente de él, narra con tanta frialdad y poco entusiasmo los episodios gloriosos de su vida admirable, que nadie d·iría, al leerlos, que aq_uella es la más grandiosa figura del siglo XVIII. ¡Qué otra hubi'era sido, si la hubiese escrito el padre González! · · Nos_sería muy largo contestar debidamente a estos reparos y lo hace– mos _con .la 1.nayor. brevedad diciendo: En cuanto a lo que atañe a la mate– ria documental y crítica d~ la obra, suscribimos el dictamen que pu– blicó sobre ella el padre Calasanz de Llevaneras, después cardenal Vi– ves y Tutó (3). Añadiríamos que el entrecomillado, puesto en casi toda la obra, no debió usarse sino en copias exactas de documentos (4). r. O. c., p. 4. - 2. P. Luis Amonio, VERDADERO RETRATO. p. 21. - 3. VmA DOCUMENTA· DA, prólogo, III-IV - 4. Creemos que el P. Alcover no usaba el entrecomillado como Signo de copia exacta, ya que cuando pretende hacerlo usa de eStrellitas como puede verse en las pp. 31-43.

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