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EL P. ALCOVER, . BIÓORAFO •DE FRAY DIEGO 551 tar que al parangonarse 1a·actuación de ámbos 'directores ha de tenerse muy en cuenta: 1. 0 -Que el padre Qonzález cuando tomó. sübre sí la dirección del apóstol era ya un viejo, y éste, como un infante en el apostolado, cuando todo se ve color de rosa: abuelo y nieto s.e titularon respectivamente, y lo fueron por la edad y el ejercicio del ministerio. Además, entrevistándose muchas veces para entendimiento mutuo, en íntimas comunicaciones iden– tificaron sus espíritus , lo que fué beneficioso a los dos, y sobre todo para que el sabio mínimo conociera más a fondo la directriz vocacional del nue– vo apóstol. Añádase, en el director, su _genio abiert(!) y letífico como de un buen sevillano. 2. 0 -El ·pad;·e Alcover, en cambio, era de la misma edad del dirigido, granadí, temperamentado por las heladas brisas de Sierra Nevada, apenas conocía al beato, muy pocas veces se avistó con él, y éstas dei;,plazán– dose en busca de su hijo espiritual; ac.epta la dirección de fray Qie'g_o en el apogeo de su apostolado, cuando los asú!lios _de envergadur~ ryúmudea– ban, agudizados con la persecución y adversidad_, que si'¡, duda influyeron en el temper;amento bilioso del dirigido creándole un estado de agotamlen– to y postración, qu·e avanzaba con los años y le hacía exclamar comoJesu_– cristo en la cruz: ¡Dios mío, Dios mÍo, por qué me has desamparado? Estos momentos .sicológicos del apóstol hay que sopesar'.os bien al enjui– cia_r algunás '\;,a,rtas a su diÍ'ector, el que tuvo la virtud de leerlas, paciente– wenle , y desvánécer los prejuicios que contenían , así como la de conser– varlas y cederlás después a la Orden capuchina, no temiendo nada de ellas. Una. de las que más se han zarandeado, es la del aguacero, en la qqe el beato se queja amargamente de los cargos que debió hacerle su director, a quien le dice: Esto es - padre mÍo, lo que alcanzo a decir a sus recon– . venciones de usted y a sus vaticinios, siempre funestos y lamentables sobre este infeliz, que no.tíene respiración de consuelo ni con Dios ni con usted (1). Si hemos de creer al apóstol, se debe confesar que su guía se acomo'daba sincrónicamente a los designios de Dios. Not_a interesante contra los que critican el despego del padre Alcovei' es aquella de querer tratar personalmente a su dirigido, debiendo e!i1prender, _para lograrlo. penosos y largos viajes, como también la de ser el segundo testigo del proceso de bwtificación declarando las heroicas virtudes de aquella alma que dirigió durante qUince años (2). . , Pero vengamos al asunto de la biografía. Fué el padre Alcover el qüe se ofreció y se adelantó, antes que nadie, a escribirla con el interesante tí-, tul o: Historia de la vida inferior y exterior del Venerable Siervo de Dios él P. fray Diego José de Cádiz, Misionero apostólico. Como su dii·ección, esta obra, hija de su solicitud, ha sido igualmente atacada, Mas el feliz cali– ficativo con que aureola la figura de su biografiado , en la propia portada, basta para disipar las sombras de despego y frialdad que algunos afribÜ– yen al sabio director hacia su dirigido. En el año 1803 ya pudo enviarla al señor cardenal de Borbón, para obtener la licencia de publicación y dar– la a luz bajo sus auspicios. Esto supone, primeramente, una labor tenaz y exquisita para dar cima en tan corto fiempo a una obra, cuya ur- l. Ca~ta, 13 de rriayo de 1785, - 2. SuMM, CAT!iALOG, TESTIUM. p 3,
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