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LA DIVINA PAs-:·oi?A y eL •Bto. DÍEGO J. be c. tibus, transil'iens colles. Similis est dilectus meus capreae, hinnu– loque cervorum. Dilectus meus mihi, et ego illi, _qui pascitur 'nter lilia, donec aspiretdies, et incli:len– tur umbrae. Revertere, similis esto, dilectemi, capreae, hinnuloque cer– vorum super montes Bether. R. Congratulamini, &c. Lectio 111, (Cap. 6) Dilectus meus descendit in hor– tum suum ad areol.am aromatum, ut pascatur in hortis, et lilia colli– gat. Ego dilecto meo, et dilcctus meus mihi, qui pascitur ínter lilia. Pulchra es, amica mea, suav s, et decora sicut Jerusalem: terr bilis ut castrorum acies ordinata. A.ver– te oculos tuos a me, quia ipsi me avolare fecerunt. Capilli tui sicut grex caprarum, quae apparuerunt de Gaad. Dentes tui sicut grex ovium, quae ascenderunt de '. ava– cro, omnes gemellis foetibus, et sterilis non est in eis, Sicut CJrtex mali punici, sic · genae tuae, abs– que ocultis tuis. Revertere, r~ver– tere, Sulamitis, revertere, re\ erte– re, ut intueamur te. R. Beata est Virgo, &c. \ IN lll. NOCTURNO. Lectio Sancti Evangelii secu'1dum Joannem (Cap. 19, v. 25) Lectio VII. Stabant juxta Crucem Jesu ma– ter ejus, et soror matris ejus Ma– ria Cleophe, et Maria Magdalene. Et reliqua. Homilia S. Ambrosii Episcopi Epístola 63. ad Ve1ceffensem Eccfesiam n. 109. Maria Mater Domini ante Cru– cem Filii stabat. Nullus me hoc clocuit nisi Sanctus Joannes Evan– gelista. Mundum alii conccLssum in passione Domini consc-ipse– runt, coelum tenebris obductum, refugisse solem, in paradisum la- de mi amado, vedle que viene sal– tando por los montes, atravesando collados. Semejante es nuestro amado a la corza, y al cervato. Mi amado para mí, y yo para él, que se apacienta entre los lirios, mien– tras asopla el día, y huyen- las sombras. Vuélvete: sé semejante, amado mío, a la corza, y al enodio de los ciervos sobre los montes de Bether. Lección 111. (6) Mi amado descendió a su jardín a la era de los aromas para apa– ·centarse en los huertos, y coger lirios. Yo para mi amado, }' mi amado para mí, que apacienta en– tre los lirios. Hermosa eres, ami– ga mía, suave y graciosa como Je– rusalén: terrible como un ejérc:to de escuadrones ordenado. Aparta de mí tus ojos, porque ellos me hi– cieron volar. Tus cabellos son co– mo manada de cabras, que apare– cieron de Galaad. Tus dientes co– mo hato de ovejas que subieron del lavadero, todas con crías melli– zas, y estéril no hay entre ellas. Co– mo corteza de granada, así tus me– jillas, sin lo que en tí está oculto. Vuélvete, vuélvete, Sulamita: vuél– vete, vuélvete para que te miremos. III NOCTURNO Lección del santo evangelio según Juan (19-25) Lección VII Estaban junto a la cruz de Je– sús su Madre, y la hermana de su Madre, María de Cleofás, y María Magdalena, etc... Homilía de san Ambrosio , obis po . (Ep. 63 a fa igf. verc. n. 109) María, Madre del Señor, estaba ante la cruz de su Hijo. Nadie me enseñó esto, sino el santo evange– lista Juan. Otros escribieron que en la pasión del Señor el mundo temblaba , que los cielos se encu,– brían de tinieblas, que huyó el sol ,
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