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EL P. MIGUEL DE OTURA 529 dre frny Dieg·o José de Cádiz para las misiones que aquel (sic) hizo en Cc1stilla, Galicia, Navarra, Aragón, Cataluña y Valencia » (1). . Testigo de cuanto ocurrió en estas portentosas expediciones apostóli– cc1s, escribió el Resumen de la vida del venerable padre fray Diego José de Cádiz, religioso capuchino de la provincia de AndaJUcía (2) y El viaje a Oalicia del padre Cádiz, escrito en verso, por su compañero, el neve– rendo padre fray Miguel de Otura (3) , ambos inéditos y este último,yer– dido. El beato habla de él muchas veces en sus cartas, y en el proceso de bec1tificc1ción aparece su nombre citado frecuentemente por los testigos como narrador de las proezas y milagros que operaba el apóstol gaditano. Recordaremos dos solamente. Sea el primero el de aquel hombre, que vivía en su cortijo distante tres cuart·os de legua de Andújar, enemistado con un vecino suyo, a quien ma– quinaba quitarle la vida. Su mujer lo disuadía y procuraba aquietarlo. En una de las tardes en que predicaba el beato en la plaza de Andújar, dicha mujer sintió que oía perfectamente desde su campo la voz de fray Diego. Asombrada, llamó al marido_, el cual, aunque incrédulo, oyó también el discurso y el acto de contrición. Atónito y contristado, salió como un rayo en busca de su enemigo, y cuando creyó éste que venía a matarle, vió ex– trañado que se le echaba cariñosamente en sus brazos y le pedía perdón. Fray Diego, al pasar con el padre Otura por la cortijada, señalándola:, dijo: En este sitio oyó cie1to hombre rencoroso un sermón que yo predi– caba en la plaza de Andújar; lo oyó perfectamente y con la gracia divina produjo su conversión (4). El seg·undo es como sigue: «En el año 1798 predicaba el padre Cádiz en el conven.to cle Santo Domingo de esta ciudad, cuando dió con tanto fruto la misión a los protes– tantes, una novena a la Virgen del Rosario, que atrajo como siempre· para oírle, a todos los vecinos de Cádiz. Entre la muchedumbre hallábase una señora, que vino a escucharlo más por curiosidad y para lucirse, que por deseo ~é conversión y refrenar su desenfrenado lujo. Con ta1 propósito, se adornó desmesuradamente, como pudiera hacerlo para ir de paseo o a un espectáculo profano; y para ver mejor al apóstol se aposentó en una capilla frente.al púlpito. Fray Diego, al subir a la cátedra sagrada, desde el primer instante se dió cuenta del escándalo, dirigió una severa _mirada a la señora y procuró, sin que el auditorio lo advirtiese, que todo su discur– so fueran dardos de_fuego dirigidos a la escandalosa dama e hiriq tan vi– vamente su corazón, que arrasada en lágrimas, cual otra Magdalena cuan– do oyó al Maestro, allí mismo, disimuladamente, .se despojó de todos sus adornos, ,wcajes del vestido y mantilla, se quitó los pendientes, las joyas del pecho y los anillos, y cubriéndose el escote ·con el pañuelo hasta -la garganta, y su rostro con la propia nia.ntilla, se marchó a su casa., donde dió riendas sueltas a su dolor, puso fin a sus vanidades e incenti_vos de lascivias, y haciendo una confesión general de sus cu! pas, con propósitos de edificar a los que había escandalizado, vivió después santamente, dan– do gracias a Dios por el gran beneficio que le había concedido mediante la predicación de fray Diego» (5). l. Fr. Angel, o. c., l. 2, f. 250. - 2. Consérvase el ms. en .el arch. del Bto. Diego, Sevi· lla.-3. fr. Angel, o. c., l. 3.º, f. 114. - 4. Summ. del proc., pp. 121 y s. - 5, I~., pp: 123 y s. 67
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