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LA DIVINA PASTOllA y EL BTO. DÍEGO j. DE c. vando la memoria de los .primeros pastores de la lgl~siá que ·servían de norma con su doctrina y ejemplo a·los fie'tes de Jesucristo (1}. Con tal ambiente de santidad terminó la visita, y antes de los tres años comenzó la segunda para cerciorarse del cumplimiento de sus órde– nes y ver nuevamente cuál era el rumbo espiritual que habían toniado los pastores y sus ovejas. Habríamos de repetir lo que se ha dicho si quisiéramos consignar to– do lo que en ella hacía. Recordaremos, sin embargo , un caso particular referente al fruto que sacaba aún de las ciudades más difíciles. El mismo va -a referirlo. ~Siendo Tauste uno de los pueblos más grandes del arzobispado y ·e] genio de sus habitantes áspero y duro, hice en él una misión de quince días; y obró allí la palabra de_Dios tan maravillosas conversiones, que por no ser suficientes los confesores del pueblo fué preciso llamar nuevos ope– rarios de fuera para recoger una cosecha tan copiosa. Los sacerdotes, de– rramando lágrimas .:. y no acertando a explicar los prodigios de la gracia de Dios, venían continuélmente él congrntularme de haber transformado en corderos nrnnsos él leones élntes ferocíRimo s» (2). Mientras el celoso obispo consélgraba el 1ie111po al servicio de Dios y de 19--s almas, urdía Qodoy patrañas horribles , como el intento de parr:ci– dio del infante don Fernando, pa'ra que pidiese perdón. Descubierta la in– sidia y todo lo que era el ministro, cayó en desgracia y fué arrestado en el castillo de Villaviciosa. Ca ido el valido de la reina y no creyéndose seguro el arzobispo de Zaragoza, a cuya sombra vivía , salió precipitadamente de la ·corte, renunció el oficio de inquisidor y quiso trasladarse a su diócesis, sin verificarlo. Con este motivo el padre Santander le hizo·renuncia de la gobernación del arzobispado, y se la admitió; pero indicándole que podría quedarse fuera de la capifa/, irabajando como obispo auxiliar_ por los Ju– gares más pobres , monfañosos y disfanfes de la diócesis (3). En ellos pasó casi dos años, y fué donde le sorprendió la ·invasion france·sa y donde quedó dominado por sus tropas ,' mientras Zaragoza des– pués de una heroicél resistencia, viendo sus calles demolidas, heridos y muerros los ciudadanos , el hambre y la miseria por doquier, se rendía al •· invasor, con un pacto que, al decir del padre Santander, era una capitula– '. c'ión honrosa y noble, pues se mantenía el libre ejercicio de nuestra Reli– gión, el respeto a los templos y sus ministros. la seguridad de personas y propiedades co·n el juramento indispensable de fidelidad al rey José (4). Terminada la lucha, el vencedor quiso celebrar una función religiosa en acción de gracias a Dios por la victoria, y entonceis fué cuando todas las autoridades, de vencedores y vencidos con el cabildo catedral, acor– daron que se buscase al obispo para que pontific,rne· en let misa con Te Deum y predicacóin ,colnisionándose a·un canónigo con cartas-órdenes , las .· qi.Íe presentó éste.al padre Santander en Valdealgórza, donde estaba, ro– gándole que aceptase por las utilidades que podía reportar, para la Iglesia ··· y el reino de Aragón. El obispo, ·aunque con repugnancia, inclinó ·su ca– ·beza, no viendo nada contra sus deberes por tratarse de una asistencia religiosa 0 en territorio conquistado y dominado por el invasor ; Actuó c"ómo l. Ib., pp. 174-178. - 2. Ib.. p. 179. -- 3. Ib. p., 190. - 4. Ib., p. 195.
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