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506 LA DIVINA PASTOl?A Y EL BTO. DIEGO J. DE C. Después de la muerte del apóstol gaditano , cuando se quedó en la pe– nínsula como la primera figura de la oratoria y predicaba sin cesar misio– nes con auditorios fabulosos, no sería aventurado decir que en todas ellas fué la más viva representación del espíritu del padre Isidoro y de fray Diego de Cádiz, Tanta era su fama que el arzobispo de Zaragoza, don Ramon de Arce, el amigote de Godoy, debiendo vivir ausente de la archidiócesis por su oficio de inquisidor general, puso los ojos en el padre Santander para que fuese su obispo auxiliar y gobernara espiritualmente su rebaño. Es muy significatíva lá advertencia que hizo el misionero sobre el particular: «Ha– biend"o en la nación -dice-, tantos hombres más dignos de encargarse de tan grave misión , se acordó y fijó en mí sin saberse por qué, pues no ha– bía precedido entre él y yo conocimiento , trato, familiaridad ni sugestión de otra criatura ... Dios nuestro Señor •.. se dignó elevarme del polvo al es– trado de los pastores de su Iglesia , para que orase, velase y trabajase en conducir las ovejas redimidas con su preciosa sangre al aprisco de la eterna bienaventuranza » (1) . Consagrado, en Madrid el 1803, con el título de Amizón, marchó a Za– ragoza, donde le dieron hospedaje en unas piezas del palacio arzobispal. El nuevo prelado no cambió en nada su austeridad capuchina; él mismo nos dice: «Preparé mi cama con cuatro· tablas y una manta y no necesité de guardarropa, conservando mi hábito grosero, sin lienzo interior y sin medias, ni más zapatos que las sandalias. Comía con todos y mientras duraba la mesa .. • siempre se leía... Dor las mañanas nos congregábamos a la oración y a la santa misa, y por la noche al rosario y otras preces> (2). Esta es su vida interior , a lo que hay que añadir que escribió por este tiempo algunos de sus libros. Mas su vida pública de pastor de almas fué algo indecible. A los po– cos días de llegar hizo una misión en la iglesia de san Ildefonso, seguida de otra en la de san Francisco del Coso , ambas de quince días, consi– guiendo extraordinario fruto en aquellas almas no acostumbradas a ver su obispo predicando misiones. Inmediatamente dirigió unos ejercicios al clero secular y regular en el seminario de san Carlos. Sin descansar pasó a las iglesias de las monjas, evangelizándolas con la sublimidad de sus enseñanzas (o). · y ·no para aquí su sed de ápostolado: véase lo que dejó escrito: «Te– niendo muy ·presente que una de las primeras obligaciones de los pastores es nutrir a sus ovejas del pasto espiritual de la divina palabra, no sólo traté de que en la capital abundase este alimento ... , sino que, celoso de las que Be hallaban fuera, dispuse en seguida salir a la visita general de todo el arzobispado » (4). La pluma no puede formar en cortas líneas un cuadro cabal del heroís– mo desplegado por el humilde obi spo en toda esta apostólica expedición. Sin miedo a los fríos y calores, atravesando, a veces a pie, la dilatada ar- 1. Fr. Miguel Suárez de Santander, A PUNTACIONES PARA LA APOLOGÍA.. . pp. 169 y s. - 2, lb. , p. 171. - 3. lb., pp. 171 y s. - 4. Ib.
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