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EXPEDICIÓN DE FR', DIEGÓ DE CÁDIZ A ÓALICIA v EL PRINCIPADO ,491 A pesar de todo, el Noweste de -España hallábase co11movido con J,a predicación y virtudes del santo andaluz , los obispos se disputaban tener– lo en sus palacios, los cabildos, donde misionó, todo:;, lo herrnal'laron dándole asiento en el coro y la uhiversidcid·de Oviedel lo agregó solemne-· mente al colegio de sus doctores. . Hay constancia en lo::, autógrafos de fray Diego. Ideas panegÍÍicas, que el 5 de febrero de 1795 y por encargo de un devoto, predicó-en. la igle– sia de San Francisco de El Ferro! un paneg·írico a la Divina Pastora con el texto: Cum vidisset ergo Jesus Matrem... (Joan. 19,26), exponiendo los ofidos de la Virgen, como Madre Pastora, en la primera part·e; y en-Ja se– gunda, los deberes de los cristianos, corno hijos y ovejas de M 9 ría ·(1 ). Lo que ha hecho en El Ferro!, lo hizo seguramente en muchos otros pueblos , aunque no nos restan testimonios escritos. Nos da pie para ello el conservarse una novena de sermones a la Divina Pastora, que data de sus ·primeros años de predicación y la llamaban la novenq de· los inontes, porque en cada' día consideraba a la Divina Pastora·, simbolizada en uno de los montes más célebres de la Sagrada Escritura; Cosa extrnña:,,fray Die•go no consigna en ella dónde la predicó, como hizo con casi todos. sus sermones, lo que prueba que la tenía para pred-icarla en cuantas ocasiones fué requerido o lo creyó conveniente. A su regreso de Galicia llegó el apóstol a la ciudad de Toro, y aquí es donde fray Diego, conoció y abrazó el 13 de mayo de 1795 a su viejo y admirado colega , el padre Santander, sellá'ndose . su he1'mandad de apos– tolado con el báculo de la Divina Pastora. Era el día de la Ascensión del Señor . y por la tarde, aunque estába cansadísimo y enfermo, predicó ante aquella comunidad de capuchinos y a la gran muchedumbre, que·ansiosarnente le esperába (2). ¿De que habléi– ría·fray Diego? «Yo no os dejaré huérfanos, decía Jesús a sus discípulos antes de subir al cielo ». ¿Por qué? Porqúe les dejaba a su Madre, que de– fenderá y apacentará a aquella pequeña gTey sin Pastor, tímida y cercada de lobos. ¡Hermoso terna para un capuchino, que daba la batidá a la- ra- b.iosa lobada de la revolución! · N unca pudo olvidar el padre Santander la impresión que le había cau– sado la palabra de fuego del santo andaluz y su amor y devoción a la Di– vina Pastará. Que hubo, además, conversacici1ies íntinias sobre el mismo asunto y que el capuchino castellano ' ániniaría al andaluz a proseg·ufr el debatido proceso de la fiesta litúrgica de la Pastora , tan próximo a ;fir– marse, es cosa muy na-tura! y propia de ambos apóstoles. E l concepto que se formó el misionero gaditano del padre Santander está cifrado en estas líneas de una carta escrita por aquel al capuchino, pa– dre Jaime de Puigcerdá: «En este mi largo viaje-le dice-, he tenido .el particular consuelo de ver y hablar (áunque muy' poco), a nuestro insigne capuchino el padre Miguel de Santander, misionero del seminario de Tom, provincia de Castilla, · con quien antes comunicába por escrito . Es sabio de primer orden, varón religi.osísimo y ejemplar, de mucho interior y de un espíriru de dulzura y celo extraordinario y singUlar. Es ciértaníente una de las columnas que ha puesto Dios en nuestros·. días para que soster:ga la 1, Véase el croquis en el apéndice, - 2. P, Alcover, o, c., p, 254.
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