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L-A DiVINA PASTORA Y EL BTO. DIEGO J. DE C. densidad de doctrin·a y belleza literaria, que las -hacen siempre nuevas, ape– titosa y de perenne lozan-ía. Dermítasenos una digresión. Intencionadamente hemos dejado para ahora el tocar la azarosa expedición de fray Diego a Galicia y al Drinc:pa– do, última de sus grandes misiones, gloriosísima en frutos, muy aciaga en contingencias hostiles, y lesiva a su salud, acabándola, consumido y ex– hausto ·por tanta predicación y tanto traginar de pueblo en pueblo por las abruptas montañas de la serranía galaico-astúrica. En esta expedición, que duró siete meses, predicó misiones al pueblo y al clero en Tuy, Vigo, Bayona, Donkvedra, Santiago, Coruña, El F.e– ri'ol ; Lugo, Mondoñedo, Oviedo, Gijón, León , Astorga, Toro, Salamanca y ·en mucho·s pueblos del tránsito. En todas ellas se vió la Providencia di– vina sosteniendo la salud .de su enviado para que pudiera librar la última batalla contra el libertinaje y la incredulidad, más extendidos y arraigados en estas regiones, que en las demás provincias de España: «Es indecible -le escribió ·a su director-lo que cunde la mala doctrina y el deplorable estado. en que se hallan los pueblos sin excluir aún ni las pequeñas aldeas. Esto me tiene contristadísimo y sobresaltado y cuidadoso, temiendo si nos apartará Dios de sí y de su santa Iglesia. Es mucho lo que ha propa– gado la cizaña » (1). Así no es de extrañar que en Vigo lo apedrearan; y que un incrédulo, para hacerle callar, pensó darle tal golpe, que no pudiera decir ni Jesús , El que no Je permitió-añade fray Diego-la ejecución de su intento. En Compostela el arzobispo se postra de rodillas ante el apóstol y éste hace lo mismo, no levantándose hasta que a sus ruegos lo hizo el prelado; ora extático cabe la tumba del Mijo del trueno y celebra junto a sus cenizcs el santo sacrificio , pidiéndole su protección p_ara defender contra la impiedad rein_ante .la fe católica., que él trajo a España: mientras , las calles aparecían llenas de pasquines contra él , y los niños , al verle, decían:-Huid que viene el diablo-. En la Coruña le parece, como en Jaén , que Jesucristo ca.rgado con la cruz apoya el brazo en su hombro, en señal de que está sostenien– do apostólicamente. su evangelio perseguido; y en El Ferro! predica diez y seis días y da una misión al real Cuerpo de guardias marinas·, del cual dice fray Diego: «Estos niños o jóvenes están pervertidos hasta un extre– mo increíble, no sólo en las costumbres, mas también en la religión. Cla– maban sus jefes ,porque les dijese algo separadamente: hícelo así, y Dios se dignó darme claridad , libertad modesta y caritativa, fuerza, oportunidad y eficacia ... .No he S':'lbido sus resultas. Sólo he sabido que muchos de ellos, juntándose y hablando no sé qué, cantaban el Santo Dios--'-Santo fuerte-, Santo divino-, IÍhmme, Señor-de este fraile capuchino~ (2). , . Mu9ho fruto y una gran oposición , sobre todo en la gente del pueblo , son las características de estas misiones , de las cuales aseguró fray Diego: .«En todas partes hablo con claridad y ardor de los presentes errores y de nuestra obligación contra ellos. De su fruto puedo hablar poco, no obstan– te que es gravísima la necesidad que hay por este reino, por lo mucho que ,s.e ha propagado, aún entre la gente pobre, esta infernal semilla~ (3). l. Carta, 11 de abril de 1795. - 2 lb. - 3. Id., 31 de di,iembre de 1794 y 11 de abril del s,
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