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486 LÁ DIVINA PASTORA, Y EL BTO. DÍEGÓ j. DE c. fatigable; El estaba adornado de un saber nada vulgar, poseyendo varias lenguas de la Europa. El sostuvo más de treinta años continuos la predica– ción de .plaza, convirtió moros, protestantes, y toda clase de pecadores. El nos ha colmado de honor. Bn una palabra, todos veneraban en él unos de aquellos hombres · extraordinarios, que el Señor suscita de cuando en cuando para bien de su Iglesia y gloria de su santo nombre. A sus funera– les asistió un numeroso concurso que ansiaban por verlo, venerarlo y to– car sus rosarios y cruces en su cadáver y, a no haber sido por el auxilio de la tropa, hubiera costado mucho darle sepultura. Jamás se borrará su memoria, y todos lo consideran cómo un justo y un intercesor delante de Dios. Sin embargo, como los juicios del Señor son incomprensibles, rue– go a vuestra paternidad que, haciéndolo presente a esa venerable comuni– dad, se le asista con los sufragios acostumbrados. Convento de capuchi– nos de Sevilla y septiembre, 15 de 1830» (1). Nos ha dibujado el otro retrato la elegante y cálida pluma del citado padre Utrera en la dedicatoria a la Divina Pastora, puesta al frente de la Vida del venerable padre Verita, cuyos rasgos se perfilan y completan en lo que tuvo de santo e imitador del padre Isidoro y del beato Diego. La dedicatoria dice así: qSoberana Emperatriz de los cielos y tierra, paraíso de las delicias de Dios, hermosura príncipe de las manos omnipolen/es, gloria del Lí– bano, alivio, consuelo y remedio de las ovejas que el Pastor Eterno ha colocado en esta su amada montaña, Madre de Dios y refugio de ios mortales afligidos en el dulcísimo, ternísimo y amabilísimo tí/u/o de Pastora de las almas: agraciadísima y poderosísima Señora: «Si el varón ejemplar que forma el objeto de esta pequeña obra, hu– biera consagrado sus días en obsequio de esas divinidades de barro c;ue tanto imponen a los desdichados mortales con la arrogancia de su poder efímero, el escritor de sus proezas tendría que presentar sus escritos antr sus aras, perfumados con el incienso de la lisonja y adulación; mas, no siendo de este carác{er el heroe, cuya vida dibujo, no quiero dirigir mis votos a personajes d·e la tierra. El os sirvió con toda su alma; él tuvo tan– ta ansia por extender la gloria de vuestro culto, cuanta el conquistador soberbio por la de sus conquistas y orgullosas empr·esas; él predicó vues– tras alabanzas y sostuvo vuestro título amable de Pastora con indecible celo por el largo espacio de treinta y seis años; él ha llenado la España de estos Rosarios, humildes sí, mas cargados -de innumerables indulgencias, con los cuales como en otras tantas cadenas ha querido aprisionar todos los corazones para hacerlos vuestros cautivos. Vos le inspirástéis cuanto bueno hizo y prncticó: :su:s penitencia::,, :su:s au:steridades, sus afanes por el bien· de su prójimo, y aquella caridad ardentísima que al fin vino a con– clüir con su salud y áminorar sus días. Todas estas virtudes y otras innu– merables, con que tanto se dfstinguió, no son flores ni frutos de esta tierra, .sino del ameno y deficioso jardín de vuestra maternal predilección. Por lo tant.o, siendo todo vuestro este justo y cuanto hizo y emprendió, permitid - ' , . . . . . '. L Arch. prov, de los cap. de Andalucía.-Cuando dice que fué PREDICADOR DE PLAZA más de treinta .años, es decir que,Íué dura'nte l9s mismqs el apóstol de la ·Divina -Pastora.
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