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nl3T~A1.'0S DEL V, P, YERITA 485 habí{l expirado. Lo llama para cerciorarse, y el enfermo se yergué · y ,le contesta: - ·¿Qué quieres?-Creí, le dice su mujer, que te habías muer– to. - Pues mira, le respondió él, estoy bueno. Tráeme .comida-. Enton– ces le contó ella lo del pañuelo, y ,él exclamó: - , Ahora creo que el padre Verita es un santo y que hay justos en La tierra '- (1). Cierté1mente lo fué por sus portentosas y heroicas virtudes y de seguro estaría hoy en los altares, o a lo menos muy avanzada su causa de beatifi– cación ,' si las guerr as civiles y, sobre todo, la exclaustración de los religio– sos, que sobrevinieron. a su muerte, no hubieran enfriado su memoria, ol– vidándose esta gran figura del sucesor. de fray Diego en el apostolado de Cristo y de la Divina Pastora. Los capuchinos para recordar siempre las virtudes del venerable man– daron pintar un hermoso cuadro al óleo, que lo representa ya anciano, con su alforja y báculo, caminarído tras la Torre del Oro hacia elmalecón, co– mo puede verse en el fotograbado; además comisionaron al padre Juan Evangelista de Utrera, el escritor más fino de la provincia, para que escri – biese su vida, publicada el año 1832, la que lleva en su portada el gr.abado reproducido en el capítulo anterior, del cual se hicieron muchas estampas y se conserva en el Museo de la Divina Pastora (2). Hay que añadir otras dos pinturas del venérable: la que mandó hacer su madre· para su casa y otra casi igual, que probablemente fué de su her– mano. Todas están hoy en nuestro convento de Sevilla. Pero además, la pluma de dos insignes escritores nos ha dibujado otros dos retratos que juntos forman la viva representación moral del · ve- nerable padre Salvador de Sevilla. · El primero, hasta ahora desconocido,. sale por primera vez al público y es la circular mortuoria enviada por el padre guardián del convento de Sevilla, anunciando la triste nueva a todos nuestros conventos de Anda– lucía y de sus misiones, que dice así: «Reverendo padre guardián ... Participo a vuestra paternidad cómo, recibidos los santos Sacramentos , falleció ejemplarmente el reverendo pa– dre fray Salvador Joaquín de Sevilla, exlector de sagrada teología. ' Misio– nero de Propaganda fide, maestro en artes de esta universidad y procura– dor en la Causa q_ue se está siguiendo de nuestro venerable padre Cádiz. Su vida ha sido ejemplarísima. Jamás faltó a las severas leyes de nuestra profesión. Tenaz en su observancia, sacrificó por ella su salud. Desnudo de todo humano alivio , descalzo hasta de las sandalias, se le veía con fre– cuencia emprender largas jornadas, siendo el asombro de cuantos Ib ob– servaban. Austerísimo consigo mismo, no sabía negarse a quien lo ocu– paba: a todos atendía, a todos sin diferencia alguna consolaba. Siendo de una casa opulenta y habiendo déjado un rico patrimonio por abrazar riues·– tra de~nudez, jamás desmintió su ruidosa vocación. Siempre se le n~iró, en medio de esta populosa ciudad, pobrísimo, abatido, y el modelo más cumplido de humildad. Su aspecto solo conmovía y arrastraba tras d~ Sí · los cor azones por el contrilste que presentaba su aspereza cori lo deli~ado de su educación; El era una viva imagen de la penitencia. Su celo era in- 1, ib,, pp, 37 y s, -:;:- 2, fué_,dibujado por Arango y lo grabq.J, M, Ai:na t,

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