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478 LA DIVINA PAStOl?A y BL ato. DIEGO J. DE c. d B~d ~ ~1. 0t~. ::-~ e~ e~ _ - f-1\.-0.. ; , / 11 J ·' 1 1 J I e ~ e . 1 P r I e r I e _ 1 d ;; ! r r j 1 .iJJ ; 1 r,) t"<U'.:--tu,. t~,4:l. ':'l'lto.,-bu Ca.. ~cu--1:o---ta..UC.- ' jtte~' Las coplas misionales a la Divina Pastora, atribuidas a fray Diego, musicadas. :Museo de la Divina Pastora, Sevilla. Es dig_no de notarse que la última estrofa de ambas poesías, uniendo la devoción d~ la Divina Pastora con la .Santísima Trinidad, es un nuevo en– tronque del padre Verita con el venerable padre Isidoro y con el beato Diego. Por no hacernos largos , indicaremos sólo que el padre Salvador predicó muchas veces del augusto misterio, según consta en _los croquis de sus sermones; dedicó a Dios , trino y uno, su g-ran colección, El triunfo de España; escribió para ponerlo al principio de la misma , el poema lati– no, que es un hermoso comentario sobre el inson_dable misterio, y en sus apuntes menudean los actos de profesión de fe y amor al mismo, por lo que pudiera llamarse el nuevo apóstol de la Santísima Trinidad. Aunque se haga esta monografía un ·poco extensa no debemos preterir algunas singularidades de su vida interior entre las <;u ales hallaremos . co- · mo a la perla en su concha, ciertas finezas con la Divina Pastora que son un hito significativo del fuego que ardía en su alma. Debido a sus maceraciones , y a los duros e incesantes trabajos de su vida contrajo una enfermedad, que él y los médicos . llamaban flatos , pero en realidad se trataba de una epilepsia gravísima. La primera vez que le asaltó este funesto ataque- dice su biógrafo– fué en el malecón de Triana, pre.dicando. Entonces cayó fuera de sí al suelo, lo .recogieron y trataron de su alivio. Pocos días antes del accidente , dijo el venerable que hacía diez y' ocho años que estaba padeciendo aé:¡ue– l_los vértigos. Le acometían en la celda, en el coro, cuando hablaba, iba p,or las calles, transitaba por los caminos, y hasta cuando se hallaba cele– brando el incruento sacrificio. Era cosa de la mayor . compasión ver a este varón ejemplar, que de pronto se le inmutaba el semblante, abría y cerraba los ojos con mucha aceleración y, si no había quien al momento acudiese a contenerle, caía de plomo sobre el suelo y allí se estaba un cuarto o más de hora, hasta que volvía a sus sentidos. ¡0.h, cuántas veces lo vieron así
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