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BSCR1'rós DEL v. P• . YERITÁ 469 siciones en versos sobre varias materias , dignas de darse al público (1). Estas últimas obras ,se han perdido ó no hemos fogrado verlas. Escribió además veinte y seis tomos, en · folio, de unas 500 páginas, con los croquis de los sermones que predicó, y un tomo igual con siete ín– dices en IQs que fácilmente puede darse con el día, mes, año , iglesia o sitio en que fué predicado cada uno, con su texto y tema del sermón (2). Se han perdido todos los tomos de su diario y los de las partidas de los bautismos, pues de ambos sólo hay en nuestro archivo provincial al– gunos papeles sueltos. Se publicaron sus coplillas a la Divina Pastora, de las que se hablará; otras sobre el Misterio de la Inmaculada Concepción, que no conocemos, y varias p,equeñas composiciones impresas en algunas novenas (3), y el poema en dísticos latinos, impreso al final del Elogio fúnebre pred icado en Ronda por el padre Luis Antonio de Sevilla con motivo de la muerte de fray Diego, titulado: In laudem V. R. P. Didaci josephi Oaditani, celebris missionarii capuccini... scribebatF. Salv. ab hisp (4). Aunque todavía restan muchas curiosidades y rasg·os heroicos de su vida , apremia el espacio para que .entrenios en el tema de su devoción a la Santísima Virg·en, especificada en el santo rosario y en su amor a la Divina Pastora. Ambas deyocioi1es , como se ha visto, fueron siempre juntas des– de el origen de la seg·unda , y el padre Verha siguió la tradición del venera– ble·padre Isidoro y del beato Diego. Su amor constante a la Virgen María es como la señal de ,su predes– tinación. «Nacido ert la octava de su Asunción a Jos cielos, protégido visi – blemente en toda su vida por esta Reina de los corazones, no es decible cuánto la ai'naba, con qué esmero se consagTó todo a su devoción y a la propagación de sus cultos (5). «Fué siempre muy devoto de María Santísima desde su pequeña edad .. , su alma se electrizaba sólo al oir nombrar a tan tierna y dulce Madre» (6). El padre guardián cuando le impuso el hábito le entregó «unas disci– plinas para que co-11 ellas macerase su carne, y un rosario para que siendo devoto de María Santísima pudiese con ambas cosas superar y vencer las horribles batallas que el infierno le tenía preparadas (7) lo que jamás oJ,-_ vidó el novicio. · Recuérdese cómo el padre Salvador, siendo muy rtiño, rezaba el rosa -– río con su madre y cómo sig·uió esta santa costumbre en la juventud, ha– ciéndolc1 prtlcticc1r en su trnvesíc1 hc1cic1 Méjico, y lrnllaremos lc1 clave de su apostolado dentro y fuera del claustro. Desde que fué sácerdote, vió .como fray Diego, los errores de su siglo y· los estragos que producía el mal en todas las clases sociales de Es.paña. Oyó la voz de Dios que le llamaba al combate contra la impiedad; mas, co-, 1110 Barac, no quiso llegar al enemigo sin la valiente Dévora , y sólo se lan-– zó a la batalla con la compañía de la Virgen , la potente guerrera, que ha t riunfado siempre del infierno (8). Otro enemigo , la invasión 'francesa, éoh toda su impiedad y barbarie , estaba ya en la puerta como alud de exterminio. 1. P. Utrera; o. c., V, pp. 35 y s. - 2. Se conservan en el arch. prov. de los cap. de Anda– lucía. Faltan los seis primeros .tomos, otro de los años 1810-14, y el del 1827. - 3. P..Utreta, íb. y p. 37. - 4. O. c., pp. 145-1 56. - 5. P. Utrera, o. c., VI, pp. 12 y s. - 6. lb., II, p. 24. - 7. Ib. - 8. lb., VI, p. 13. .
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