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l:!L I>. VBRITA CoNf\esOR V biRBCTOR be .ALMAS los frailes durante el cóler¡:i, se acrecentaba en los comienzo.s de) siglo XIX con burlas, dicterios y escritos.injuriosos. El regente de la Audiencia de Sevilla, queriendo sentar plaza de jansenismo. ·desempolvó una realcé– dula de 1764 y puso a los superiores regula1,e-s una · comunicación orde– n(mdoles, entre otras cosas, que no permitan : a sus ·súbditos vivir y pernoctar fuera de sus claustros, so pena de ser detenidos y arrest,adqs los que infring·ieran su mandato. Blanco de esta orden era el venerable (1)• . . Las crónicas del convento de Sevilla conservan la copia de lo que contestó nuestro prelado al precursor de Mendizábal sobre el particular, de la que tomamos io siguiente: · ·. : «¿Cómo el padre guardián puede negar al padre fray Salvádó~ la sali– da del convento, si va a asistir y consolar a su tía, doña Juana de Vera, señora de muchas circunstancias en Sevilla? ¿Y cómo puede excusar el padr.e guardián que el padre fray Salvador deje ·de ir a 1~:s campos de Se– villa y de los lugares vecinos a conjurar el pulgón, la langosta y otras pla– gas, que q,uitan los frutos de las cosechaf, cumido sus dueños y nuestros bienhechores lo piden con fe? ¿Y cómo puede el padre guardián r_eten·er_le e.n .el convento cuando lo llama el enfermo para que lo confiese y fe auxilíe para bien morir; la mujer , por su devoción, para que bautice la criatura que frn dado a luz; la monja para que la consuele en sus aflicciones espiritua– les y temporales? Y de este modo el padre Salvador no puede hacer para~ da en el convento, aunque el padre guardián quiere y él tambiéri. Y mu– chas veces artda solo, porque los compañeros se cansan de seguirle a tantas correrías apostólicas, en que se ejercita de día y de noche en la ciu .:. dad, en los campos y pueblos circunvecinos el padre Salvador·, •él quieri censuran y murmuran algunos frailes, clérigos y seglares de distinción de que anda tan suelto fuera del convento, lo que nace · más por envidia y emulación, que por caridad y celo santo; porque si tuviesen ellos tanto desapropio . caridad y mortifica.ción y oración, comp tiene y es n0torio el padre Salvador, los fieles los buséaran a ellos del mismo modo, y· el Se– ñor acredjtgría con prodigios, como acredita los pasos y obras del p_adre Salvador. Pudiéramos referir algunos y nombrar a sus émulos y murmu– rpdore::., lo que omito por no descubrir conciei1cias ajenas; y sólo digo qu;e la verdadera virtud siempre fué perseguida» (2). · . Mas que esta defensa hablará en favor de sus heróicas virtudes, ei caso siguiente. En la víspera del Corpus recibe el padre Veri.ta aviso de un sacadote de Bollullos del Cundado para que vaya a confesarlo por estar muy enfermo. Pide licencia para marchar a dicho pueblo, distante de 5evi– llé! más de nueve leguas, y su prelado le djce que no puede dársela, porq·ue d.ebía asistir .en la mañana siguiente a la procesión de la catedral. Á.pena~ l. Parece ser que motivó dicha órden el incidente que sigue: Encontrándos,e el P. Verita en cierto comercio, entró un militarote de alta graduación blasfemando contra la Iglesia y el romano Pontífice. Lleno de indignación el venerable, levantó su bá~ulo y. le dió un fu~rte ga: rrotazo, haciéndole callar. Al instante le dijo:--Como fray Salvador de Sevilla le pidó a usted perdón y usted ·¡:mede tomar la satisfacción que guste; pero· como hijo ·de la 'Iglesia.defenderé' el honor de mi madre. Yo µo puedo permitir que ésta sea ultrajada-. Todos quedaron estu• pefactos ante el gesto heroico del fraile, a quien veían siempre humilde y •sufrido, y por una vez en su vida, como Jesucristo, levantó el látigo para fustigar a los ene¡bi?OS de Píos, (P. Utrera, o. c., VI, p. 1). - 2. Fr. Angel, o. c., l. 2.º, ff. 46-52,
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