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466 LA DIVÍNA PASTORA Y EL BTO. DIEGO J. DB C. Era tál su .celo por la salvación de las almas que pidió a la Sagrada Congregación de propaganda fjde que lo enviase a tierra de infieles, y aquella , en el 1805, le concedió el título de misionero apostólico para pre– dicar misiones en todas partes; y en 1805, patente para que pudiera mar– char al Asia; por diez años, para evangelizar el Tibet. Sus superiores. creyeron que era más u.ti! en su patria y 110 lo dejaron partir. En este período de su vida pública, fué autorizado por muchos obis – pos, el vicario castrense y el abad de Olivares para oir confesiones en su jurisdicción: y con estas armas se creyó obligado a no descansar para fa– vorecer a toda clase de p·ecadores y en toda horay lugar, siendo los que más le llamaban la atención los más necesitados. Desde la peste se hizo un conductor de almas extraordinario y el pue– blo no perdió la costumbre de acercarse a él para arreglar los asuntos de su conciencia. «No es posible-dice el padre Utrera-dar una idea cir– cunstanciada de lo mucho que trabajó sobre este importantísimo negocio ... No perdía ócasión de gandr un alma; tenía una insaciable sed por salvc:r a los pecadores ... A él lo encontraban cuantos lo habían menester y a cual– quier hora; él, bajo pretexto de urbanidad, iba a deshora a visitar a algunos enfermos, les daba consejos saludables y les ponía delante la medicina para curar de sus espirituales dolencias (1). En sus apuntes se leen casos curiosísimos de su gran celo por asistir a los moribundos: «Al pasar por Villalba. :. - anota en aquellos- supe que uno de los monacillos había caido en el pozo de la iglesia; fuí con otra g~nte por si_ 1~ podía dar algún socorro, pero_ inútilmente, porque lo saca– ron, al parecer, muerto ... Con todo lo absolví bajo de condición: llamábase José de Lara'» (2). · · _ · En otros r~fiere el caso Teresa de Jesús, en Tabira (Portugal) , a la que a_bsolvió sin licencia in articulo mortis, le encomendó el alma y le aplicó la indulgencia. . En la c(Írcel de Cortegana auxilió al soldado , Francisco Serrano, d2s– tituido de todo socorro, apaleado poco .antes por su sargento, hombre san– guinario que con su mal trato se le habían muerto catorce soldados del pelotón que conducía. Murió santamente Serrano y recibió sepultura en la parroquia (3). · · CUé:mdo llegabc1. al convento eran continuos los avisos para que fuese a asistir a los enfermos y sucedía que en este santo ejercicio pasaba los días y las noches fuera del clau,stro. En el período constitucionalista los reli_giosos eran mal mirados y perseguidos; se les ultrajaba de palabra y por escrito y se les vedó hasta salir_por las noches. Como una excepción era respetado el padre Verita: «predic.aba,entraba, salía, andaba por la ciu– dad a todas horas del día y de la noche y no hubo una sola persona que sospechase nunca ni hab·lase mal de él » (4). Así lo escribió su biógrafo, pero debe decirse que no le faltaron moros en la costa. Recordemos la corriente jansenista del siglo pasado contra las Orde– nes religiosas, la cual, en vez de aminorarse con el buen ejemplo dado por l. O. c. ,- V, p. 18. - 2. lb. , pp. 19 y s. - 3. lb.; VL, p. 2. - 4. P. Utrera , o. e,, V, pp 24 y s.
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