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H P. VERI'rA, ÁNGEL bE CARIDAD bURANTE EL CÓLERA :461 Mas de momento Dios le llama a otra misión, propia de los grandes héroes. El cólera, que azotaba en el verano de este mismo año de 1800 a la ciudad de Cádiz, vino por el río y se propagó rápidamente por Triana. La consternación de Sevilla fLié inenarrable, viendo cumplida en su Cárne lél vrofe9fo de frny Diego en !él novenél de lél Divina Pastora. Muy pronto se preseátó el castigo de su seg·unda parte: Días vendrán, y no están le– jos, en que buscaréis despavoridos a los sacerdotes y no los encontra– réis; los llamaréis a gritos, revolcándoos en vuestros lechos y en las ca– lles, y no os responderán (1). En tan horrible tribulación acuden las autoridades al padre guardián de capuchinos suplicándole que enviara a algunos religiosos p~ra qsistir á los apestados en Triana. Propuesto el caso por dicho padre a sus reli – giosos, diú su licencia y bendición a los que se encontraran con fuerzas para obra tan heroica. El padre Salvador, que había deseado ir a Cádiz con este fin, vió el cielo abierto y fué uno de los primeros que, entre los muchos que se prestaron al sacrificio, marchó a Triara , distinguiéndose sobre todos (2). Las lág-rimas de su anciana madre no le detuvieron 'sus pasos; no corría, volaba al foco d, I contag-io, al Hospital trianero y sin descanso «se va a las camas, a unos consuela, a otros auxilí'1, a aquel le administra los santos sacramentos y a todos asiste día y noche sin sosie– go y sin intermisión. En cada enfermo le parecía ver a Jesucristo; los aten– día y favorecía con tanto empeño como si cada cual fuese su mismo Re– dentor » (6). La peste se incrementú con crudeza por todo el risueño barrio y en– tonces se le veía cruzar las calles y entrar en una tras otra casa para pres– tar su caritativo auxilio a toda clase de personas. «Se dice-anota su bió– grafo-que en estas ocasiones parecía un ángel iluminado del cielo ... un san Carlos Borromeo en la epidemia de Milán, un san Camilo de Lelis y, si se quiere, un san Luis donzaga en la que experimentó la ciudad de Roma .. • El se hacía todo para todos ... ; diez mil y cuatrocientas almas ... tiene Triana, y sobre todos y cada uno se extendía el incendio de su ca- ridad » (4). - La miseria de los pobres apestados y su cárencia de ,alimentos le he– rían el alma, y para aliviar su situación daba sus escapadas al centro de la ciudad y, pidiendo limosna , llenaba sus alforjas de pan y otros víveres, que a veces abultaban más que su figura, y con dlas cargado volvía a Triana para repartir su caridad entre los hambrientos,. A medida que el mal decrecía en Triana tomaba proporciones gigan– tescas en todos los cuatro ángulos de .Sevilla. De sus 80.500 habitantes, fueron atacados más de 76.000, muriendo en los cuatro meses de contagio 14.685 (5). El padre Verita, dejando convaleciente a Triana, se viene a Sevilla en los momentos en que cada casa es un lazareto y cada calle un montón de cadáveres . Escogió la parroquia del Sagrario como centro de su caridad ' ' 1. Fr. Diego estaba apenadísimo por los estragos de su patria, donde desde agosto_a fin de octubre eran 48.552 los contagiados y 8.515 ·los fallecidos. EsTADÍSTICAdel gobierno, que se halla en las CRóNICAS de nuestro conv. de Cádiz entre los ff. 193 y s.-2. P. Utrera, e, c. IV, p. 46. - 3. lb., p. 47. - 4. Ib. - 5. Fr. Angel, o. c. l. I, f. 357, donde se inserta tambi~n la EsTADíSTICA del ayuntamiento de Sevilla.

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