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458 LA DIVINA PASTORA Y BL BTO. DIEGO J. DB C. ~Siete años~dice un testigo ocúlar- dúró su vida retirada y en esté tiempo renovó en su cüerpo las austeridades de los primeros capuchinos: su mortificación en todos sus sentidos fué pasmosa: en aquel tiempo era el asombro de la comunidad » (1). A lo cual debe advertirse, para no repe– tirnos, que cUérndo se entregó a la vida pública, no sólo no amengüó este género de vida, sino que con nuevos quilates supo escalqr, cual otro fray Diego, la cima del apostolado. En dichos siete años fué interinamente maestro de novicios: «Enton– ces vieron aquellos jóvenes en el espejo de su maestro tales cosas, tales virtudes y tan sublimes, que no podían desear más: su maestro era más novicio que ellos, los acompañaba a todos sus ejercicios, que son mucho penosos, no :Ios perdía nunca de vista y los inflamaba poderosamente con sus exhortaciones al amor de Dios , a la práctica de la oración mental y al cumplimiento de aquellos rigurosos deberes, que constituyen a un religio– so cápuchino » (2). En cierta ocasión quiso un novicio a deshora hacerle una consulta: llamó v:arias veces· y viendo que no contestaba abrió la puerta y halló a su santo maestro postrado en tierra extático y sin sentido. Le llamó, le tocó y lo movió cuanto pudo sin conseguir que saliera del rapto, y terminó por marcharse. Este caso fué reputado entre sus contemporáneos por un 9 de ~quellas grandes revelaciones de la vida conte.mplativa que, al decir del apóstol san Pablo, no s,e saben si sUceden en el cuerpo o fuera de él (3). .. Debido a tal estado los superiores prefirieron dejarlo libre de la maes– tría; que· le hubiese acarreado la muerte; mas en cambio lo nombraron i:>ibliotecario y presidente ·de ·las conferencias morales. Dirigía estas con tino y aplomo, revelándose un gran teólogo; y en la biblioteca, que enton– ces era pública por ser riquísima en obras, devoraba los libros en prolon– gadas lecfuras, gravándosele en su fiel niemoria cuanto con'tenía cada t:no para orientar bien y rápidamente a los consultantes . Pero el cargo , que hará famoso al padi·e Verita, fué el de predicador de plaza. En las páginas de este libro se vió cuán penoso y agobiante se hacía este oficio , en el que perseveraron solamente los grandes apóstoles, f orno el padre Pablo de Cádiz, el padre Isidoro de Sevilla y fray Diego ; y a imitación de estos últim·os se hizo su estandarte de la Divina Pastora para que presidiese sus predicaciones. Pero ninguno permaneció cierta– mente tan largo tiempo en este apostolado como el padre Verita, que lo desempeñó durante treinta y seis años consecutivos, sin más interrupción que ·cuando estaba enfermo o predicando fuera de Sevilla. Ni parece que nadie le superó en el número de sermones de plaza, pues en sus apuntes autógrafos consta que, durante los años 1794-1826, predicó en diversos sitios públicos 119 veces; y en el río sobre el malecón, 1261, que dan un total de 1é575 sermones de plaza (4). Es curiosa la forma con que dejó escrito el principio de este aposto~ lado: «Empecé-dice-la predicación de plaza , sábado, día primero de no– viembre de 1794, junto al Triunfo de la Santísima Virgen en la Plazuela d_e las Banderas; el domingo, 9, prediqué _en el malecón frente del puente, 1. lb., III, p. 45. - 2. lb., IV, pp 10 y s. - 3. lb., pp. 3 y s. - 4. Volumen autógrafo de los índices de los croquis de sus sermones: INDICE 6.º DE LOS PUE5LOS y smos DONDE HE fRE• DICADO.

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