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456 LA DIVINA PASTORA Y' EL BTO. DIEGO.). _DE C. e 1 ·. acontecimiento. Invitaron al padre Salvador para que tuviése un papel, a quien estimaban el más hábil del cole– gio y digno de una cátedra; pero fué inútil la tentativa de sacarlo de su retiro; y aunque asistió al acto permaneció re– cogido y sin levan– tar la vista para ver nada. ¡Quién sabe si estaría meditando en su trágica caida de las fiestas sevi– llanas, principio de su v0cación! Des– pués de terminada la función, hincado de rodillas, pidió per– dón a sus condiscí– pulos por no haber– los obedecido, y to– dos se edificaron de su sostenida serie– dad (1). En febrero de 1794 foé trasladado al con':'ento de Se– villa en el que per– EL V. P. VERITA, RETRATO AL ÓLEO, TAMAÑO NATURAL, MANDADO HACER POR SU MADRE PARA ELLA, CUANDO CELEBRÓ EL HIJO SU PRIMERA MISA. CONVENTO DE CAPUCHINOS, SEVILLA. manecerá hasta su muerte. Mas no se crea que el padre Verita en el nue– vo estado y en su patria va a olvidarse de sus austeridades y a disipar el tesoro de sus virtudes, antes bien en el claustro y en las calles será un venerable padre Isidoro resucitado y el inmediato sucesor de fray Diego. Como el apóstol gaditano «lo primero que se propuso fué grabar en su alma pura las máximas del evangelio, para que estas fuesen la norma de todas sus operaciones», y para llegar «a una gran conformidad con la vidél de Jesucristo •resolvió constituirse él sí mismo verdadero imitéldor del Crucificado», como el seráfico padre san Francisco (2). · Para esto declaró sangrienta guerra a todos los vicios y pasiones; ve– dó a sus sentidos y facultades todo acto que no fuese para el servicio de Dios y bien de las almas; le dijo a sus oidos que no habrían de escuchar sino la voz de la obediencia; a sus ojos, que no mirarían sino a '1a tierra; y al paladar, que no tendría otro deleite que el ayuno y manjares desabrí- l. Ib., pp. 31 y s. - 2. Ib., p. 37,

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