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VJRTUDBS DBL V. P. VBRlfA l>URANTB BL N'bVICI.1-00:Y LOS BSTUDIOS 455 del guardián -y sometido' a la obediencia se dirige a su casa. Llamó, salé la criada, y dijo a ésta:-Diga a la señora qué Mtán a·quí el padre Monte– jaque y fray Salvador y le piden hospedaje para esta rioche-, y se quedó en la puerta esperando la contestación ... La es·cena, que sobrevino, puede suponerse, pues si lc1 111c1dre c1111c1bc1 ternísinimnente al hijo, no dejó éste de amar a una madre tan buena. Destacábase entre todos por cumplir a rajatabla las Constituciones y usos de los capuchinos sin dispensarse jamás de un ápice: «¿Quién - dice su biógrafo -fué más puntual que él en todas las muchas menudencias que están a cargo de un joven corista»? (1). Tal era su amor a la observancia, que ,en sus más de cuarenta años de vida religiosa sólb una vez montó en caballería y ésta porque habiendo sufrido una operación en ambas rodi– llas y debiendo pasar de Cádiz a Jerez sin haber cicatrizado las heridas, se lo mandó el padre guardián por santa obediencia, y entonces cargó su alforja de piedra, se la echó al hombro y con este peso hizo todo el . viaje. Contrajo una enfermedad en las rodillas-sinobitis purulenta-porque se entregaba de día y de noche a la oración, en la que permanecía dz hi– nojos como estatua de mármol. «Siempre oraba y continuamente de rodi– llas, tan inmóvil, que a no ser porque la obediencia lo llamaba a otras ocupaciones, jamás se hubiera separado de la oración. Su postura indica -– ba el gran fuego de amor de Dios , que le devoraba las entrañas » 2). Con esta vida de santidad vino embarcado a Sevilla para rt;cibir las órdenes y en la travesía, a media noche, levantóse una furiosa tempestad., ,que obligó a los muchos pasajeros a recogerse en las cámaras, temiéndo– se un naufragio. Echaron de menos a fray Salvador y, no hallándolo, su– b'ierori· a cubierta donde estaba de rodillas, éxtático, éon sus manos juntas pidiendo al Señor la serenidad de los elementos (3). «El patrón y los ma– rineros quedaron asombrados, aquellos días, en vista de su modestia, su exterior edificativo, su silencio, sus ojos bajos» (4). Se ordenó de presbítero en dicha ciudad el 24 de marzo de 1792 y ce– lebró su primera misa el 8 de abrí!, predicándole el padre Buenaventura de Cádiz, era guardián el padre Juan B,autista de Cabra y provincial el padre Felipe de Ardales, tres capuchinos amantísimos de la Divina Pastora, cuya loab,Ie actuación vimos ya y fué una escuela para el nuevo sacerdote-. Pero más que ellos lo fué ciertamente el taumaturgo gaditano·,.que se hallaba en Sevilla predicando l'a tercera misión, aquella, celebérrima por sus .frutos y por haber sido nombrado canónigo y 24 de ra ciudad. Precisamente tomó posesión de esta dignidad en el mismo día en que se ordenaba el · padre Verita. Era antes admirador y devotísimo de fray Dieg-o, mas desde ahora entronca con él como el mejor de sus discípulos en su apostolado por las almas y en el culto a la Divina Pastora (5)-. Volvióse a Cádiz para terminar sus estudios y al final de la carrera sus condiscípulos organizaron una representación cómica para celebrar 1. lb., p. 5. - 2. lb., p. 3. - (Su madre regaló los _ornamentos y el frontal del púlpito, de raso, bordados en seda amarilla, que aún se conservan. con otras prendas para la sacristía siendo la pricipal la mesa grande, que hay en ella, · de caoba con su tablero de mármol, Fr. Angel, o. c., l. l, f. 330). - 3. lb, p. 24. - 4. 16., p. 35. - 5. El beato no predicó en la misa del padre Verita, porque tuvo que marcharse a Ronda para predicar en otra para la que estaba comprometidó. ·

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