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452 LA DIVINA PASTORA Y EL BTO. DIEGO J•. DE. C. rona de pedreria, y que los que há poco no cesaban de aplaudirle, acaba– ron por reírse a mandíbula batiente haciéndole blanco de sus burlas, más que el golpe material y las ironías del pueblo , sintió en su alma el dardo de la gracia divina, que tiró por tierra a toda su vanidad, llamándol e, co– mo a Saulo en el camino de Da'rnasco, para seguir a Jesucristo en el mi– nisterio de su Iglesia (1). Desde esla escena cambia radicalmente en sus costumbres sociales: desaparece su genio alegre y jocoso, suprime las visitas. huye de los con – cursos y publicidad, y en su casa se le ve taciturno y meditabundo, em– bargado en una idea extraña. Su buena madre creyó que tal ensimismamiento provenía de sus pla– nes para casar.se y quiso saberlo; pero él le contestó que tenía otro plan: hacer ejercicios espirituales... Los hizo en la Cartuja, y conob'ó que no le llamaba el Señor allí. Los repitió en nuestro convenio ... , y el día 5 de ene– ro de 1790, con pasmo de Sevilla, vistió el humilde sayal de los capuchi – nos con el nombre de fray Salvador Joaquín de Sevilla (2). A la ceremonia asistió toda la nobleza sevillana y un gran público, que vió salir al altar a don Joaquín Caraballo, con 's·ús ricos vestidos y la capa grana de su uso, pero llevaba ya la cabeza rapada a punta de ti.jeras con el estrecho cerquillo monacal, calzando unas sandalias de cáñamo. El sacerdote lo despojó del traje mundano y le vistió un viejo y remendado hábito, ciñéndoselo con la burda cuerda. La impresión, que este acto cau– só a los circunstantes, no es para descrita ... El hecho se comentó acaloradamente por la aristocracia, que vió con malos ojos que un sujeto tan fino y elegante, y de tanta cultura, hubiese escogido una Orden, toda austeridad y pobreza. El guardián de los capuchinos, que era el padre Buenaventura de Cá– diz, enojadísimo por estas habladurías, contes'tó a los murmuradores man– dando pintar una galería de noventa y nueve cuadro:,, que representaban otros tantos varones ilustres pertenecientes a la Orden· capuchina, de los cuales dijo el cronista de nuestro convento de Sevilla: «¡Cuántos de estos se pódrán numerar como el expresado fray Salvador, y cuántos más y cuántos menos lo mismo, y ninguno menos?• (3). Entramos ahora en la parte que más nos interesa de la vida del joven sevillano. Hasta su ingreso en nuestra Orden no sólo fué discípulo de los padres dominicos en su formación literaria y científica, sino también en la espiri- 1. P. Utrera, o. c., II, pp. 15 y s. - Los ancianos, que aún viven de su familia, nos han dicho ·que el percance ocurrió en la PuERTA DE JEREZ y precisamente junto a. su novia, que presenció la caída y las burlas. - 2. L. de recep. de novicios del conv. de caps. de Sevilla, f. 331. - 3. Fray Angel, l. 1. 0 , f. 300. - Aquí mismo die~ que se llamaba el pintor don José Huelva y en el folio 304 añade: •Los 99 expresados con el del arzobispo Marcos y Llanes, que consagró esta iglesia, son ciento: a 20 reales cada uno, son dos mil reales, lo que tuvie– ron de costo>sin contar el lienzo ni molduras de todos nl las raciones que se comieron los pintores y carpinteros•. La colección, aunque incompleta, se cdriserva en nuestro convento de Sevilla. El retrato del Rvdmo. P. Angel Saxalo, general de nuestra Orden, cuando se aprobó el oficio de la Divina Pastora, no debe ser de la mario del pintor Huelva, porque sus calida– des resdlo son del PANEDERO o de Fernández c~~zado.
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