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4150 LA DIVINA l'A5T011A Y r!L aTO. DIBGO J. DB C. tividad pasmosa. Cuaríto veía, del orden que fuese, lo consignaba cuida– dosamente, y así perseveró hasta el fin de sus días, fo!'mando varios tomos de memorias, que eran una enéiclopedia del saber humano, utilizada por su biógrafo, entre otras razones, porque dan bien a entender su genio ameno y graciosamente observador (1). Llegado a Vera Cruz, su primer v'isita fué a la iglesia para dar gracias a Dios por el feliz viaje, y lo mismo hizo en Méjico, cuya monumental ba – sílica describe como un arqueólogo. Avaro del tiempo, lo empleó en esta ciudad, no en diversiones y frivo – lidades, sino en actos de piedad y en sus estudios. «No hay función de iglesia ocurrida en aquellas grandes poblaciones a que don Joaquín no asistiese y de que no dé una idea mu y determinada en su Diario. No hay convento que no viese, no hay acto de piedad que a él no le llame la aten – ción y de que no hable, singularmente le robaban el alma las funciones, que se le hacían a María Santísima> (2). Visitó muchas veces el convento de San Fernando de padres francis– canos y quedó enamorado de su penitente vida, primer crepúsculo de su vocación religiosa. Fijábase en las pinturas de sus santos y venerables y emocionado copiaba los epígra·fes y décimas que tenían en su pie (3). Desde entonces se le vió ir diariamente al jubileo y observar una vida más auste– r·a, quizás llevada a un extremo excesivo, que junto con sus largos estu– dios le ocasionaron un fuerte ataque de ictericia, que le obligó a dar pa– seos a caballo por las pintorescas afueras de la ciudad. Informada de ello su madre, le aconseja por dos veces que se vuelva a España, y sólo a la segunda carta, viendo que continuaba la enfermedad. emprendió el viaje de retorno , al año y medio de su llegada a la capital me– jicana, trayéndose en sus escritos un verdadero tesoro de noticias. Llegó a Sevilla en junio de 1788 y sin tomarse descanso, al mes si– gÚiente se graduó en la Universidad de maestro eri ci'rtes, equivalente en – tonces al doctorado de otras facultades. Los sevillanos y singularmente sus amigos celebraron la vuelta de Verita con grandes r~gocijos y él entró nuevamente en la vida de sociedad , propia de sus años y de su clase, creyéndose que pretendía entrar en re– lacíones con alguna muchacha, por lo que ~e hicieron la mar de cábalas entre los sevillanos. Al año siguiente, 1789, se organizaron en Se.villa grandes regocijos para celebrar el advenimiento de Carlos IV al trono de España. La Universidad y el Colegio mayor de santo Tomás, famosos por sus geniales fiestas y su amor a la monarquía tomaron parte principal en los festejos con sendas y vistosas cabalgatas. Ambas corporaciones escogie– ron entre sus manteistas a los más distinguidos e ingeniosos para que actuasén en .el desfile.· Una y otro pusieron sus ojos en Verita como el más destacado ex-alumno, quien de fuerza o de grado tuvo que figurar en la representación de cada Colegio. <Cualquiera descripción que se hiciera, dice Matute y Gaviria, de los adornos, que en esta ocasión lucieron en la plaza de san Francisco y en la carrera, quedara muy inferior a su original, aun cuando en ella se -diera l . Ib., p. 7. - 2, Ib., p. 46. - 3. Sólo de la vida de san Francisco Solano copió 47 déci– mas Ib., II, p. 5.

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