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LA DIVINA PASTÓIU y EL BTO. DIE!GÓ J. DE c. ciosos y postreros frutos evangélicos de su fiel siervo y apóstol, que cual lámpara moribunda daría sus más claros y vivos destellos , despjdién– dose de su Madre, Reina y Señora! RecordemQs que al pisar de capuchino por vez primera el suelo de la ciudad del Tajo, fué para predicar la novena a esta misma imagen de la Divina Pastora, que abrió la era de.su apostolado; recordemos también la dedicatoria de su sermó_n fúnl:'bre del venerable padre Miguel de Benaocaz , que fué el clarín y pregón del programa de sus misiones bajo la égicla de la Divina Pastora como plenipotenciario de Dios; recordemos asimismo sus correrías apostóli<;,as , sus ataques a la impiedad y a la revolución; sus milagros y profecías y las innumerables almas convertidas con su predi– cación: todo, todo hecho bajo la protección de la Divina Pastora y con el prodigioso lábaro de su estandarte, y veremos que, cómo el ruiseñor antes de morir da al aire sus mejores arpegios, el enviado de Dios comienza , cierra y term\na el ciclo de su apostolado con ésta , la última novena de su vida, dedicada a la Divina Pastora , a cuyo amparo y mediación, con ofrenda también de su vida , encomendó la suerte y destinos de España y los del Supremo Pastor de la Iglesia, tan atribulado y perseguido por aque– llos días. Ya fray Diego no siente más que presagios mortificantes para su alma y para su cuerpo; ya sólo le acompañan visiones, nuncios de que se acer– ca la hora final, y cuando quiere dar una interpretación\ distinta , de la que debía,,a la visión del lagarto, que quiso morderle, recibe el oficio del lnqui– sidor"¡:reneral anunciándole que algunas doctrinas de sus sermones habían sido delatadas al santo oficio, invitándole a que ·se défendi.era. Golpe fatal, que agravó sus dolencias hasta·el extremo de pedir dos veces prórroga al inquisidor para podá escribir una defensa, que Dios no quería que la hi– ciese, porque su doctrina era pura, santa y católica (1). He aquí el dardo que hirió mortalmente al apóstol de España, el que hizo subir la fiebre y que no se le cortara, el que le postró en el lecho para no levantarse más y el que le causó un horrendo martirio en los últimos meses de su vida, gastados exclusivamente en el estudio de las proposicio– ·nes delatad.as, no logrando sino emborronar unas cuantas cuartillas éon– fusas y 'casi "inlegibles ... (2). El _3 de febrero de 1801 escribe a su director: «No sé qué decirle de mi interior por·que todo está como el malecillo actual , que los médicos lla□an espasmós, y'yo mahus Dei, porque estoy cierto que es voluntad suya lo pa – :deica».-Y el 10 de marzo, la últim'a de sus cartas , le añade: «He dado princi – pio a dar la respuesta al sar.to tribunal sobre la declaración consabida. en la que trabajo con lentitud, porque ni la cabeza ni el estómago perrniteri atarearme mucho ... No sé qué imán o tirante advierte mi alma hacia nues- · l. P. Serafín de Ardales, o. c., p. 221. - 2. El delator fué un padre trinitario y acusaba a fray Diego de exaltar demasi_ado la potestad del romano Pontífice, las facultades del santo oficio y la perfección del estado religioso. Tanto el apóstol como su director vieron en la de– lación un ataque jansenista. Toda la documentación del proceso-el pliego delatorio, los ex– pedidos por el inquisidor a sus asesores y a fray Diego, los oficios de éste pidiendo prórroga ··para su defensa, más los papeles .q.ie al morir dejó escritos en Ronda , mandados recoger por el .santo oficio, y una larga defensa :formulada por el padre provincial de Andalucía-se halla en Madrid en el archivo nacional. ·

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