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f>I-?BbICACION y BN~Bf.?MBDADES L>E FR. DIBÓÓ da lena, y el sermón del santo; el miércoles, ·24 de mayo, predicó de nuestrn padre san Francisco en esta iglesia en la fiesta de acción de gracics por el prodigioso suceso del pozo en Cartuja, con el padre fray Salvador de Sevilla, el que dijo la misa; el jueves 22 del mismo, predicó en las enfer– merías del Hospital del Amor de Dios, y a la Hermandad de los siervos de María de la capilla de san Marcos, que concurrió; el dom'ing·o, 25, predicó en la iglesia. de carn1elitas de señora santa Ana, de santa María Magda– lena de Dazis; el martes, 27, predicó en la iglesia de los padres dominicos de san Pablo, de nuzstra Señora del Rosario, por promesa de las señoras de Molviedros; el lunes de Pascua del Espíritu Santo, 2 de junio, predicó en la iglesia de dichos padres cléricos·a la regia Sociedad médica de Se– villa, y otros. «El miércoles, 4 de junio, dejó de predicar una plátic~ de la Sa¡itísima Trinidaµ en la iglesia de los padres trinitarios descalzos, por sentirse en– fermo; el v\ernes, 6 de junio, en la tarde, salió de Sevilla para Ronda el padre Cádiz, por mandato de los médicos por conocer peligraba su vida si permanecía más tiempo en Sevilla, dejando despedido .el sermón, que debía predicar en el convento de padres trinitarios calzado::, el domin– go de la Santísima Trinidad a 8 de junio... «El reVerendísimo en esta visita destinó al reverendo padre fray Diego José de Cádiz de familia a este convento de Sevilla, lo que no tuvo efecto por la epid:emia, que sobrevino a Sevilla y sus contornos, y su muerte en Ronda el día 24 de marzo de 1801 » (1 ). Jnformando a su director sobre esta fecunda jornada, le dice:· «No pude escribir ni contestar a la suya, porque el conjunto y tropel d~ .asuntos, y sermon·es no me lo permitió. De sus resultas llegaron a faltar las fuerzas y a encende{me en un calor extraordinarísimo, que obligó a los médicos a mandarme venir de allí cuanto antes, de modo que no pude predicar los dos últimos,sermones, que tenía a mi cargo de la fiesta y misterio de lí:! .Santísima Trinidad ... He llegado algo arruinado, descomp,LJesto mucho de cabeza y toda la máquina desarmada, He comenzado a tornar refrescos y -descanso .para reparar esta ruina, que me imposibilita para las tareas que .tengo atra~adas» (2). Llega fray Diego a su hospitalaria Ronda con el . dolor de entrañas y unas fiebr·es altísimas intermitentes, a las que llamaba incepdio de la san– gre, que leTepetirán de día y de noche sin que lo~ medio~ humanos pue– dan expulsarlas, porque, como él decía, sin un niilagro no. puedo volver a la robustez y sanidad de los años pasados (~). . · Al piscir fray Diego el suelo de Ronda, ya su gran figura de elegantí– sima esbeltez y energías insospechadas había cambiado $us perfiles por _el espectro de un cadáver. Asaetado por los dolores, encor..yado no ya p9r los años, sino por el peso de sus afanes y penitencias, blanca la barba por sus continuos sufrimientos, amojamada y ruinosa su naturaleza y con un pie en la sepultura, aún va a reñir su última batalla contra las impiedades del siglo, anunciando a España que el cólera, que con paso agigantado l. FR. ANGEL, o. c., l. 1, f. 332. - El destin~ de conventual al de Grarn1da no fué d,e fa~l– l!a, como se deduce de la carta del padre provincial a fray Diego: ,Por ahora siga V. P. el dictamen del señor abad y mío que es que se venga V. P. a _ésta (~ranada)'. Vide carta al padre Alcover, 1 de agosto del 1800. - 2. C;arta, 13 de junio de 1800. - - 3. Id. 26 de cgosto,

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