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LA DIVINA PAstoRA Y· EL etó. Dmóo J. bo c. bas. El reverendísimo con la comunidad salió a la puerta a recibirla, y del mismo modo salió a despedirla ... «En la misma mañana, inmediatamente después de la real Maestranza, se presentó el c~rnandante de las armas, don Tomás Reina, corno estaba acordado, acorn·pañado de los caballeros oficiales del real Cuerpo de arti– llería y de los demás Cuerpos de tropas, que se . hallaban en Sevilla, a cumplimentar al reveren.d,lsirno, el que salió con la comunidad a la puerta del pórtico a recibir a dichos señores oficiales , y del mismo modo salió a despedirlos hasta que se retiraron a pie y sin aparato, más que con sus uniformes de gala, y sin la etiqueta de ser antes ni después de orro Cuer– po. «La tarde de dicho día, martes , salió el reverendísimo a pagar la visi– ta a los diputados de la Ciudad a las casas de cada uno, como estaba acordado, y lo mismo a los diputados del real Cuerpo de maestrantes y también al comandante de las armas a su casa; y a todos los dichos Cuer– pos, al cabildo éclesiástico, al arzobispo y al asistente dió el reverendísi – mo Carta de hermandad. A los dos cabildos, eclesiástico y secular, lás presentó en nombre del reverendísimo el padre fray Diego de Cádiz , como individuo hon9rario de uno y otro Cuerpo; la Ciudad dió testimonio de ello, que trajo ' al convento para archivarlo su procurador mayor. Las otras Cartas de hermandad las entregó el reverendo padre guardián al señor arzobispo, al asistente, y al comandante de las armas ... , (1). Ya podía darse por satisfecho el reverendísimo padre Bustillo con tantas atenciones y agasajos, pero aun hay más. Durante su estancia eñ Sevilla advino la fiesta de la Divina Pastora, . coincidencia providencial con la reunión de sus principales promotores: fray Diego, el reverendísimo padre general, el padre Felipe y los padr,s Jerónimo y Juan Bautista de Cabra. Todos a una convinieron en celebrarla solernn.emente y que el vocero del pastorado de la Vii:gen fuera el tauma– turgo y apóstol de España, nimbado ya_con la aureola de sus méritos, en– vejecido y arruiriado, no por los años, sino por rudas penitencias, por su titánica labor apostólica y por el ariete de sus enfermedades, contraídas en su afanosa lucha por la salvación de las almas y defensa de la causa de Dios. Pero él sacará vigor de su flaqueza para bendecir a su Pastora , y no duda que el Espíritu Santo le asistirá , iluminando su mente y confor– tando su debilidad física, corno en los días cumbres de su apostolado. Véase lo que dice el cronista sobre la fiesta: «El domingo, día 27 de abril de 1800, fiesta de la Divina Pastora en este convento, la predicó el reverendo padre fray Diego de Cádiz por el espacio de dos horas menos cuarto. Al reverendísimo se le .puso sillón con tapete y cojín en la capilla mayor. Le acompañaban nuestro padre pro– vincial ( Juan Bautista de Cabra), guardián, los dos ex-provinciales (padre Felipe de Arda les y Jerónimo de Cabra), y secretarios. El señor obispoc ' auxiliar y otros señores títulos, oidores, inquisidores y canónigos, en si– llones. El señor arzobispo quiso venir a oir al padre Cádiz y por evirar 1. O. c., l. l.º, ff. 172-74.-Vinieron también a saludar al reverendísimo quince comt:ni– dades religiosas, muchos títulos, entre ellos los marqueses de Monteflorido, sobrinos del pa– dre Felipe, el deán y el canónigo Salcedo., el rector de la Universidad y gran número de perso– najes, y a todos les devolvió la visita el reverendísimo. Ibid.
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