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LA PRIMITIVA HERMANDAD INVITA A fl~AY DIEGO A PRBDIC.AR SU NOVENA '4~~ . El coraz'ón del beato ;a ltar!~ de g·ozo con esta misiva ,' cuya eje~úéión por taI1tos títulos colmaba las ilusio'nes de su vida, uniendo su voz con la de s:us antepasados para honrar a la Virgef! Pastora, precisamente ante aqud ll a sagrada imagen, que ·dió origen a todas las del mundo. Pero al t:ont'emplar todo su cuerpo ag·otado, herido de pies a cabeza y ·sin posi– bili.dad de acc ión , su júbilo comenzó a ecl ipsarse, y una ola de tristeza in– vzCdía su alma, reconociendo en sus males que era expresa vo luntad de Dios que ofrec'ese a l_a Divina Pastora , en vez de sus alabanzas en el púl– pito, el"sacr;ficio de sus dolores con la inmolación de su silencio y retiro. Así, pues, rezumando torturas, pór "verse privado de una de sus más ínti – . mas y ansiadas satisfacciones, escribió la sig·uiente carta: «J. M. y J.-Venerable , Real Hermandad de la Divina Pastora.-Muy se– ñores míos de mi mayor estimación: Con la debida he recibido la muy apreciable de ustedes de 30 del pasado, en ocasión que, por hallarme actualmente enfermo, no pude inmediatamente contestarla. Quedo suma– mente agradecido al singular favor que me hac~n en encomendarme la novena de nuestra Santísima Madre, al que correspondería , obedeciéndo– les en su piadosa solicitud , si me halla se con aptitud para ello. Pero, ha– biéndose renovado mis padeceres desde la cuaresma pasada, me hallo incapaz de volver a la tarea en muchos meses. Lo pongo en la considera – ción de us tedes para que , c1nvencidos de mi imposibilidad, me tengan por excusado, a pesar de la desazón en que me quedo por no poder servirles, como lo deseo. No puedo más. «Me ofrezco a la obediencia de ustedes con buena voluntad, me enco – níiendo en sus oraciones y ruego a Nuestro Señor guarde sus v idas mu– chos años en su divino amor y gracia.-Ronda, 24 de-mayo de 1799.-Se– ñores: besa la mano de ustedes su menor capellán y afectísimo siervo en nuestro Señor Jesucristo. -Fray Diego José de Cádiz». iSentidísima y emocionante carta , modelo en su ciase del género epis– tolar y digna de la pluma del apóstol gaditano! En ella, dentro de la con– cisión , se aspira el perfume de sus gTandes virtudes: su sencillez y humil– dad, su prestancia y cortesía , su obsequiosa ob ediencia y el dominio ecuánime en la adversidad; su ardiente amor a la Divina Pastora y sus heroicos sufrimientos, condesados en aquel no puedo más, hilo de sus angustias , toque de agonía y presagio del derrumbai11iento físico de aque– lla fortaleza que, durante treinta años, había sido el dique contra la revo– lución y el brazo de I.a Justiéia y de la Misericordia divina. La lectura de esta carta causó en la Hermandad y en toda Sevilla una impresión inenarrable no sólo por verse privadas de la predicación del santo taumaturgo, sino también porque creyeron que nó ·10 volverían a ver en la ciudad . El Señor, sin embargo , ordenaba las cosas de otra manera y quería que su apóstol predicase en Sevllla de I·a D.ivina Pastora, pero en su convento y delante del reverendísimo padre general , para que así dejara bien cumplida su providencial misión de incardinar en ias iglesias capuchi– nas la devoción implantada en el mundo por el venerable padre Isidoro. Adviértese además en dicha carta el senfdo ·de educación y cortesía que prestaba fray Dieg·o a todos sus actos. Sábese que sus apuntes están escritos en papeles humildes y a veces en retazos utílizados ya por U:n .lado; sus cartas a los amigos y personas privadas eran, de ordinario, una sola cuartilla, rara vez, doble; pero en este caso, que se dirigía a una cor-
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