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LA P11tM1T1VA HERMANDAD INVITA A FllA Yoiedo A i>irnb1CA11 su NOVcNA 421 de un gavilán, que me sacaron los cirujanos en Lucena a la perfección, y no sé si la uña u otro [!avilán se ha introduciq.o en la carne, por cuya causa sigue malo» (1). «Mis malecillos, le añade posteriormente, son casi nada, pero, como los regalo mucho y los trato con mucho mimo, no quie– ren irse, y 'ásí el dolorcillo de estómago, que es lo más, permanece en dos o tres ratos ,cada día,» (2). , Pero más explícHamente comunica a su director el curso creciente de la enfermedad. «Desicte que recibí, le dice, la muy apreciable de usted de 16 del pasado, no le he escrito, porque a fines de cuaresma se empeza– ron a renovar mis antiguos malecillos, se formalizaron luego que pasó la Pascua y h~n continuado hasta la semana pasada ... Ha sido el dolor de es – tómago con calentura continua, aunque lenta en las ,primeras semanas, algo de i11flamación en él y alguna ictericia. Me dieron tres sangrías, continuos remedios etc.; pero hasta que fué voluntad .de Dios no he tenido alivio. Deseaba cumplir aquella y no ansiaba por éste, ni lo pedía; su du– ración me hizo sospechar, si sería mi última, porque soñé en uno de e'.sos d,ías que había preguntado a los médicos si había motivo sufi;ciente para recibir los santos sacramentos, y me dijeron que los recibiese. Seg·uida– men(e se me presentó como un lago de agua y en él una bola de materia de– leznable, y que nadando ésta, se iba desbaratando ésta aceleradamente; más desperté antes que acabase de deshacerse, y me pensé, si esto sería aviso de mi muerte ya cercana» (3). Y así lo sigue repitiendo en casi todas las cartas, aumentando por. su humildad el cuido que se daba , y disminuyendo la importancia del mal, cjue carcomía su salud y le llevaba al borde del sepulcro. Ambas cosas le imposibilitaron para predicar en la fiesta de la Divina Pastora y le defuvje..: ron necesariamente en su retiro de Ronda donde tal vez , aunque de ello no hay constancia, predicase en este año a la imagen de la Pastora, de la parroquia de santa Cecilia, a la que tanto veneraba por haberle dedicado su ·primera predicación en la ciudad del Tajo. Desde la novena predicada por fray Diego en Sevilla a la Divina Pas– tora y mediante e.I pacto de la Concordia renovada entre los capuchinos y la .Primitiva Herm.andad (4), había ésta reverdecido en sus · viejos fervores y estaba empeñada en que fuera el gran apóstol quien predicase en este año de 1799 la novena de su milagrosa imagen, que celebraba por la fiesta de la Asunción de la .Santísima Virgen, esperando que con la forna del predicador recobraría su antigua piedad y pujanza, que tanto bien había producido en la ciudad, en la corte y casi en todo el mundo. Creyeron los hermanos que con el clima apacible de la primavera hubiera mejorado la salud del santo taumaturgo; y por otra parte estima– ban ha.lagar los ideales del beato, ofreciéndole ocasión de glorificar a )a Di vina Pastora en su primera imagen y en la iglesia y púlpito en que el padr e Isidoro, durante cuarenta } cinc.o años consecutivos, predicó dicha novena. Así, pues, por acuerdo de la Hermandad, escribió en su nombre el mayordomo invitándolo para que se dignase predicarla. 1. Carta 1 de enero de 1799. - 2. Id. 8 de abril. - 3. Carta 28 de mayo del 1799. - 4. V&anse pp. 385-388 de este libro.
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