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1MÁGENBs os PAs·roRA PARA LAS 10LesiAs os ANDALudA 4óo nes; que generalmente solía haber, en los mismos, alg'una 'pin fura de la ad– vocación para satisfacer la piedad de los religiosos; que su imagen sola– mente era venerada en algún que otro templo de las . provincias, y que de– bido al apostolado del gran taumaturgo, a la institución de la fiesta y al decreto que la establecía,, se hizo general la costumbre de dar un puesto de honor en nuestras iglesias a la Divina Pastora y celebrar su fiesta con solemnidad y aparato, en las de Andalucía obligatoriamente, y en las otras de España por ley de amor y correspondencia. Década tras década, año tras año, se regi'>tra un avance prodigioso, que no pudo contener el co– lapso de medio siglo de exclaustración; porque, al restaurarse .la Orden se halló la devoción hasta tal punto arraizada en nuestras iglesias, que el reverendísimo padre general no vaciló en hacer extensivo a todas las de España, lo que fray Diego solicitó para las andaluzas y deseaba para to– das las del mundo. Es digno de notarse, que así como los barrios, donde están situa.dos ,nuestros conventos, se les llama vulgarmente Capuchinos, del mismo modo la nueva in-iagen, tan reciente y sin tradición, era festejada como su ..legítima Patrona por todos los vecinos del barrio, llegando a ser su fiesta y prócesión las más solemnes y populares en Andalucía. Debido a esta práctica y efloréscencia se ha verificado el hecho psico– lógico de que los fieles de España, y aún los mismos de América , no pue– dan conéebir una iglesia capuchina sin su imagen de Pastora, siéndoles motivo de extrañeza que en algunas, rarísimas, no la haya; y así sucedió a unos esposos que, queriendo dar gradas a la Divina Pastora por haberlos librado de las garras comunistas y de una muerte segura, fueron a cierta iglesia de capuchinos y no encontrando la imagen que buscaban, fué gran– de su sorpresa y desencanto. Tales son l0s efectos cosechados por fray Diego para la Orden capu– china con su apostolado y particularmente con la instüución de la fiesta de la Divina Pastora. Pero este apostol.ado tuvo su repercusión y en gran escala fuera de la Orden, como se verá en la tercera parte de este libro, por lo cual nos limitamos ahora a recoger sólo algunas efemérides, las más íntimas y propias de estos años, que completarán i::I cuadro histórico de la devoción, esbozado en el presente capítulo. Nuevamente advertimos que los testimonios escritos han desaparecido y que hemos de valernos de tradiciones orales y de los escasos datos que poseemos. Uno de los campos más cultivados por la predicación de fray Diego es el de la ciudad de Morón. Ya en los albores de su apostolado (1774), dió · allí su primera misión, reconciliando, lo que creía imposible el apóstol, a sus regidóres con los representantes de los duques de Osuna, señores de la villa, engolfados tenazmente en pleitos escandalosos, con perjuicio del pueblo. Fruto de la misma fué la conversión a la vida espiritual de dos jovencitas de la aristocracia de Morón, la . hija de los marqueses d:e Tous · y doña Catalina Auñón y Galeote, que se entregaron a la 1 dirección defray Diego, ingresando ambas después en las carmelitas de santa Ana de Se– villa: la primera con el nombre de sor María de los Dolores, a la que le dedicó el beato, en su profesión, el Poema espiritual; y la segunda, mucho antes, con el de sor Catalina del Corazón de Jesús. Esta última es la .:que, siendo seglar, regaló a fray Diego el estandarte de la Divina Pastora: ·re– producido en la página 205,
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