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404 LA DiVINA PASTORA y BL BTÓ. DIEGO J. oe c. pués, apenas ·tuvieron los religiosos de Andalucía sosiego para pensar en obra tan seria y costosa. Probablemente se debe .la imag·en al padre Ma– nuel de Sanlúcar recien venido de América el 1910: era muy de\oto de la Divina Pastora, como se verá. después, y traía medios para costearla. 1 Trá.tase de un bello grupo de figuras, en su tamaño natural, compuesto de la Divina Pastora, su Hijo y dos ovejas, acopladas en un fuerte risco de talla. El rostro de la Virgen es el de una serrana hierática de finísimo corte; lleva toca y viste airosa pellica, túnica rosácea sobriamente estofa– da y man!@ azul-turquí con orla de oro. El Pastorc1I0 Jesús, rollizote y mo– fletudo, pero viv ,sinio y encantador, viste sin manto. al igual que la Madre, en cuyo regazo se. asienta, doblando una de sus rod1Ilas para poder abra– zar mejor a la oveja lanuda, que sube por la falda de la Virgen para llegar al pecho del Hijo y besarlo. La composición del grupo es petfectísima, su modelado de un realismo impecable , impropio de su época, ila acertada expresión de las figuras nos dan la impresión de que viven y conversan. En la exclaustración del 18.35 nuestra iglesia fué destinada a negocios profanos y para que no se perdiera este hermoso grupo, se depositó en la monumental de ~an Jerónimo, de donde fué tras !ad.ádo a la suya propia en el 1899, cuando volvieron los capuchinos a Granada. Por los años de 1912 al 1.3, sin necesidad, fué sometida lct Pastora a una incongruente restaura – ción, quitá.ndosele ,a pamela de talla, que tenía sobre las espaldas , y po– niéndosele además ojos de vidrio, con lo cual no ganó nada la imagen, sino .que perdió mucho carácter. Más lógico hubiera sido supriniir el gran sombrero postizo, recargado de flores y recamos, respet~ndole el propio , que era definitivo y no circunstancial, como se ve en el grabado. Los granadinos sienten una gran devoción por esta magnífica y pia– dosa imagen, y durante su novena es visitadísima, como en los grandes jubileos. No suele salir en procésión por su mucho peso, pero lato pocas veces que ha recorrido las calles granadinas, sobre todo al pasar por la Oran Vía y por los jardines de El Triunfo, fué grande el entusiasmo y la admiración del gran concurso, que acudió a venerarla. De este modo tan rápido y consolador iba el arte poblando de imáge– nes de Pastora a las iglesias capuchinas de Andalucía; y no paró aquí el movimiento. porque a las ya reseñadas, siguieron sucesivamente las de Jaén, Alcalá. la Real, Vélez-Má.laga , Cabra, Marchena, Castillo de Locubín y algunas otras que se enviaron a las misiones , cumpliéndose al pie de la letr::i la misión de fray Diego de establecer e incardinar el culto de la Divina Pastora en todas nuestras iglesias de Andalucía (1). De toda esta relación , y de lo que dejamos dicho, se sigue que, con anterioridad a la predicación dd beato, casi todos los conventos capuchi– nos de España tenían su estandarte de la Divina Pastora para las misio- L Los capuchinos de Ardales no tuvieron imagen de Pastora, sólo cono~imos un cuadro de escaso valor en su iglesia; pero debió haber habido otro de buena calidad, como eran todas las muchas pinturas de aquel convento, varias desaparecidas en la exclaustración y las que · restaban, pasto de los incendios marxistas de 1936, fa ADALID SERÁFICO, a. 1939, p. 110, dice que los rojos quemaron la imagen de la Divina Pastora del convento de Ard ales en 1936; y no es cierto, porque lo que destruyeron fué una hermosa pintura, de E, Orce, donada por el autor ·de este libro en 1934, que era el original del cuadro de cerámica, que preside la fachada de nuestro Colegio Seráfico de Antequera, reproducida en preciosas tricromías.
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