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396 LA DIVINA PASTORA y EL eto. DíEGÓ j. DE c . La patria chica del beato clebía dis– tinguirse por su de– voción, y por estos años se hicieron también dos imáge– nes para nuestro cor.vento de Cádiz, una para la iglesia, de tamaño natural, de tipo isidoriano, tallada en Sevilla, de ~utor anónimo; y otra más pequeña para la enfermería, í'I la que llamaban La Divina enferme– ra, de la cual nos ocuparemQ.s más adelante. · Siendo este convento el punto de partida de los mi – si o n eros para las Indias y el de retor– no cuando regresa– ban, solían hacerse en arribos ca,-os a esta veneradisima imagen extraordina– rias frestas, pidién– d o I e su bendición los que marchaban y dándole rendidas gracias los que vol– ví a n cargados de LA DIVINA PASTORA DE LOS CAPUCHINOS DE CÁDIZ, PREPARADA PARA su frutos y méritos. Por NOVENRARIO ANTE El CUADRO DE SANTA CATALINA, ORIGINAL DE otra parte fa ciudad MuRrLLo. de Cádiz, desde los tiempos del venerable padre Isidoro, era devotísima de la Divina Pastora y con esta nueva efigie y los cultos que le organizaban los capuchinos acrecentó sus fervores hacia ella como a una de sus imágenes de mayor devoción·. Los capuchinos de Málaga, a cuya comunidad perteneció fray Diego por más años que a ninguna otra, tuvieron la suerte de hallar un escultor, hasta ahora anónimo, que logró plasmar una escultura en todo semejante a la primitíva Pastora de Santa Marina de Sevilla, y esto basta para dedu– cir su belleza y gran valor escultórico. Pué colocada en el lugar preferente del retablo mayor y desde un prin– cipio amada y veneradísiina de los malagúeños, particularmente del barrio
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