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394 LA DIVINA PASTORA Y EL BTO. DIEGO J, DE C. apagó el sagrado fue– go de su piedad, no extinguido ni con la quema de su mil¡1grosa imagen por los comu– nistas en 1936; porque apenas fué reconstrui– da la población, procu– raron hacerse de otra imagen para renovar sus famosos y tradicio– nales cultos (1). La procesión, ce– lebrada después· de la novena, era un gran acontecimiento. Toda la ciudad aparecía en– galanada de ricos re– posteros, mantones de seda, colchas nupcia:.. les, flo'res, y de cuantos -adornos podían hacer– se los dueños de cada casa par a hermosea-r su fachada. Por la 110- ch~ de la procesión An– dújar era un· ascua de oro con la espléndida iluminación de todas sus calles y plazas. Hasta los pueblos ve- LA DIVINA PASTORA DE Los cAPucHINos DE ANDúJAR, ADORNADA cinos acudían para go- PARA SALIR EN su FAMOSA PROCESIÓN. zar de este regio es- pectáculo, llevándose en sus corazones la devoción de la Divina Pastora. Siguió a ésta la de nuestro convento de Antequera, imagen de tamaño natural y de gran misticismo. Tanto la comunidad como los antequeranos le profesaban una gran devoción, le hacían anualmente un solemnísimo novenario y con rara excepción dejaba de salir cada año, invitada por el ayuntamiento para que acompañase a su Divina Majestad en la suntuosa carrera del día del Corpus, orgullo de la ciudad antequerana. Aquí, como en Seville1, el pm,o de Ie1 Divi11e1 Pm,torn ce1utive1be1 lo:a; cornzone:a; y ern el blanco de todas las miradas. En el 1890, sus camareros encargaron un Divino Pastorcito, tal como se ve en el regazo de la Virgen de los grabados de José María Martín, ta– lla de realismo y de gran calidad, esporádica de aquel tiempo. A principios del siglo XX, sobrevino un disgusto con dichos •señores, y al dimitir su l. Dícese que es la de nuestro <;onvento de Ecija, a la que predicó el beato. Véase en p. 232.

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