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COMENTARIOS AL DECRETO DE PROVINCIA 391 Sabido es cjue los franciscanos, desde su cuna, defendieron tenaz– mente y durante siete siglos, la Concepción sin mancha de la Virgen, hasta que Pío IX la declaró dogma de fe, y que desde d Capílulo de las esteras, en vida de san Francisco, fué proclamada Reina y Patrona de toda la Orden seráfica. Los capuchinos andaluces añadieron a este celestial patronato el ha– berla elegido por titular de la provincia Bética, que siempre fué moteada con el glorioso timbre de la provincia de la Inmaculada Concepción de nuestra Señora. Por estos motivos y por el ardiente amor, que en Andalucía se profe– sa al gran misterio, nuestros hermanos se preparaban a su fiesta con rí- . gidas penitencias, cantaban su calenda ·solemnísimamente, como en las vísperas del nacimiento del Dios hombre, la celebraban en su día y por la iilfraoctava con la mayor solemnidad y boato usados entre los capuchinos, era día de privilegio, y en el refectorio se obsequiaba a los frailes con plato y postre extraordinarios. Sólo un corazón, como el de fray Diego, abrasado en las más altas tensio :1es de amor a su Madre la Virgen María, pudo concebir y acariciar la audaz e insospechada idea de que la fiesta de la Divina Pastora fuese celebrada entre los suyos con el mismo rango del día de la Purísima Con– cepción; y sólo con la gran influencia de sus virtudes pudo vencer los muchos y difíciles obstáculos, que surgen por doquiera, de parte de los · superiores y de los súbditos, siempre que se intenta establecer en las co– munidades este género de innovaciones. El triunfo conquistado de toda la provincia, que aceptó fervorosísimamente e'I decreto, venerando a la Divi– na Pastora con los honores de la Inmaculada en todos los conventos y cas'as 111isionales, es un gran triunfo, debido en primer lügar a la Santí– sima Virgen, y después a la solicitud y amor de su apóstol fray Diego. Perdido el memorial, donde solicitaba esta singularísima gracia, nos vemos privados de paladear los conceptos y razones de que se valió el beato para atraer y rendir la voluntad de sus superiores y de sus herma– nos en pro de su ans.iado proyecto. Mas si atentamente se lee el preámbu:– lo del decreto, al punto advertimos en él algunas ideas, asaz interesantes e ingeniosas, que fueron precisamente las que fray Diego inventó para que le sirvieran de base y urdimbre a su razonamiento, esto es: parangonar la fiesta de la Purísima c@n la de la Divina Pastora , porque aquélla es Patro– na de la Orden Seráfica y ésta Patrona de sus misiones (1); y traer el hecho en que la Virgen otorga su apellido de Inmaculada a la provincia de los capuchinos de Andalucía, equiparándolo con el otro hecho en que le dió su título de Pastora. Estos son los argumentos que restan del memorial en que justificaba fray Diego su petición para conseguir que en nuestras igle– sias se pusiera la imagen de la Divina Pastora con altar propio y que sus cultos corriesen parejns con,los de la Inmaculada. Mas ellos nos bastan para conocer dos puntos principalísimos: primero, la suma importancia que daba el apóstol al patronato de la Divina Pastora sobre las misiones: se– gundo, que como la Santísima Virgen concedió a nuestra provincia que se l, Canónicamente de las misiones capuchinas españolas; pero por su sii¡nificación, de postulado universal.
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