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PROCESIÓN DE LA PASTORA DE CAPHCHINOS DE SEVILLA 383 Es la procesión que vi€ ne a capuchinos de vuelta, defando gratas memorias de sus hor 9 s placenteras. Pastorcita de las almas, rosa de casta bellez·a, que tenéis en vuestro templo cuanto el corazón desea, ·.....,:exten,~ed vuestros rediles, llafoaé:I a.vuestras ovejas, que ¡:rndan tristes y espantadas • ·d·e·ta:sf éónfinua~ tormentas. Llamadlas, dulce Pastora, y dadles dichosa senda, por cuyas flores olviden los abrojos de la tierra (1). E;:I malogrado y tristemente cél1ebre poeta,:: José Antonio Ba lbontín , en su última época de fe, y precisamente en las horas postreras de sus fer– vores, cuando oscilaba hacia el caos de la incredulidaq, días antes de en– tregarse al delirio de.sus aberraciones demagógicas ; contemplaba a nues– tro lado en 1921 la fuerte. y emotiva escena de la procesión, y vimos en lás huellas de su rostro que se le conmovieron las fibras más sensibles de su alma, por cuyo efecto al día siguiente nos obsequiaba con esta impresio– nista poesía: PROCESIÓN DE LA DIVINA PASTORA (A su paso por las calles de la Macarena) Las miradas tenían un fervor inefable· ... Latía el aire lleno de graciá infinita, · y una lluvia de pétalos purpurinos y blancos reía al sol. .. Pasaba la Pastora Divina... · Sobre el incienso de oro flotaba luminosa, como una estrella en gasas de bruma vespertina, y el símbolo sublime de la caricia augusta sobre el alto cordero de la frente sumisa, era como un milagro de amor, en la barriada, toda radiante y mística ... Derramaban los cielos sobre el trono campestre de la Virgen el claro manantial de su risa ... desleía u-na música de pausadas cadencias ·su' apacible armonía ... ¡Todo era luz y gloria! ... Palpitaban los pechos juveniles gozos de alás recién nacidas; en los rostros ancianos florecía Ia gracia, y, olvidadas las madres del dolor de la vida, ensalzaban en brazos,. con un místico arrobo, a los puros infantes de rientes pupilas, que tendían al cielo las manitas inquietas como lirios recientes ... ¡Oh, la ingénua delicia! ... ¡Todo era paz y aroma! ... 1. lb., pp. 271 y s.
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