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PRoces1ÓN .DB LA PASTÓRA DE CAPiICii1Nós be sev1LLA Mt «El paso de la Virgen, que marcha pausado entre la gosoia multitud, detiénese de trecho en trecho, y una voz, sin acoriipañamfento de' ruidosa música, entona las alabanzas de la celestiaJ_,R~1;5!ora; apenas el cantor con– cluye, algunas de las innumerables dev.ótás ,' 'qhe se han ido agrupando por tod é!; la carrera, repiten el estribillo de aquellas coplas, que pOr su grata sencillez , así en la letra como en la música, parecen improviSacio- nes de tan buena gente» (1). · Asimismo res'tiltan interesantísimos los versos que ; en el 1E83, con– sagró al mismo aosunto la insigne poetisa, Isabel Cheix, en su romanci– llo, La Pastora de Capuchinos. LA PROCESIÓN En un lecho de arreboles , que vivo fueg·o semeja,n, el sol en su oc1"so envía su despedida a la tie'rra. Esparce el aura el perfume de lirios y de azucenas , de claveles y azahares, de rosas y de violetas. Sus más deslumbrantes galas ostenta la primavera, en una tarde de mayo, templada como risueña . La fiesta de la Pastora devoto el pueblo celebra, y has,tá el azul de los cielos parece vestir de fiesta . La procesión esperando se ve multitud inmensa, que se extiende por la Ronda, y el hermoso compás llena: San Berna1do, el Barrezue!o , San Roque, la Macarena, y cuantos barrios Sevilla, por ancha corona, ostenta, sin olvidar a Triana, flor de la hermo·sa ribera, mandan sus apuestos mozos al par de sus hijas bellas. Espuma , rosas y encajes, oro, corales y perlas, todo confundido brilla,, todo se agita y e·strecha. - La ciudad también envía ani1Úada conc'urrencia, y lujosos carruajes - se ven cruzar por doquiera, mientras alegre murmullo entre las auras se eleva, cual gigantesco suspiro de enamorada impaciencia. Al fin el antiguo templo abre sus pesadas puertas, y la procesión emprende su marcha triunfal y lenta . Dan al aire su armonía las músicas halagüeñas, y voladores cohetes en el cenit centellean . · ¡Oh, qué hermosa es la Pastora, cuyo casto seno vela blanco pellico, más blanco que la nieve de la sierra! _ El manto de grana y oro descansa sobre las peñas de aquel risco, donde pacen las venturosas ovejas. 1. Citado en S_EVILLA M ~ RIANA, t. 4.", pp. 268 y s.
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