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... f"RAY DIEÓÓ PREDiéA EN SEVILLA LA NOVENA DE LA PASTORA 37.lJ f~_ay Pablo de Granada_. Sábado, 29, hicieron la fie~ta la hermana ministra y otras hermanas oficialas del venerable Orden (tercero); predicó el:padre maestro ge novicios, fray Antonio de lllora. Doming·o, 30. hizo la fiesta esta comunidad capuchina: predicó el reverendo padre fray Diego José de Cá– diz, Este día era la seg·unda dominica después de Pascua de resurrec– ción, (la fiesta de la Divina Pastora). «Las nueve tardes de la novena las predicó todas dicho reverendo pa– dre fray Di•ego, gastando en cada una cerca de dos horas con mucha coni-'. placencia del auditorio. · «En dicho día· domingo, último de la octava, el reverendo padre fray Diego , después de decir misa, bendijo la nueva imagen .de Pastora , y en la larde se colocó en el risco, quitando de él la del venerable Orden y el día lunes, primero de mayo de 1797, se hizo fiesta de estreno, en la que predicó el expresado reverendo padre fray Diego d'e Cádiz. «En la tarde del expresado domingo, 30 de abril, se hizo por remate de la octava procesión con el Santísimo, la Divina Pastora, nuestro pa– dre san Francisco, señor san José, san Fidel de Sigmaringa y santa Rosa de Viterbo, con asistencia de nuestra comunidad, la del venerable Orden tercero, muchos convidados, música y fuegos artificiales. Todo lo que predicó el padre Cádiz era digno de darse a la prerisa para inteligencia de los predicadores en el asunto de la Di\ina Pastora, María, Señora Nues– tra » (1). Haciendo referencia de estos sermones el beato Diego, dice: «Son grandes y escogidos los concursos y la predicación terrible y fortísi – ma ... (2). Sevilla entera se puso en movimiento en progresión mayor cada día con el ansia de oir al apóstol de la Divina Pastora y asociarse al júbi– lo de los capuchinos, que era el suyo propio, porque siempre fué eminen– temente pastoreña, correspondiendo a la predilección _de la Virgen, qµe la eligió para que fuese la cuna de su simpar y misericordiosa advocación 'de Pastora del Verbo humanado y de todos los hombres. Eso que ha dicho el cronista, de que todo lo que predicó el padre Cádiz era digno de darse a la prensa para inteligencia de los predicado– res en el asunto de la Divina Pastora, era también el sentir de todos sus oyentes , viniendo muchos con varias horas de antelación desde los pun– tos más remotos al convento, que estaba extramuros de la ciudad, y lejos de sentir cansancio y hastío , expresaban su satisfacción y contento, aun.,. que se prolongase la predicación por dos horas; porque .al hablar el ,após– tol de la Pastora Divina desde la cátedra sagrada, no era él quien hablaba, sino el Espíritu Santo, que se vió muchas veces posado en sus hombros, Este era quien encendía sti voz de fuego, le dictaba su doctrina y pensa– mientos sublimes , saturando de unción y fortaleza su palabra, que pene– traba en los corazones, como espada de dos filos, con cuyo poderoso in– flujo se henchían los confesonarios, soltaba o devolvía el bandido supre– sa, rompía el adúltero los lazos de la carne, abominabfl el blasfemo su prevaricación antigua y diez mil oyentes rompían él un tiempo en lágri- mas ysollozos (3). · · 1. Ib., ff. 315 y s. - 2. Carta al padre Alcover, 27 de abril de 179.7. - 3. Menénqez y Pelayo, HETERoooxos EsPAÑOLES, t. III, p. 352..
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