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iNfERRÓÓANfE SORRB EL AUi'OR DEL ÓFICIÓ be LA DIVINA PAS'róRA 363 Tercera: Durante muchos años y con penosa labor nos pveocupamos de buscar estos preciosos documentos, registrando muchos archivos y bibl iotecas de España y de Roma, con resultado negativo. En una de las visitas que hicimos a la Ciudad eterna, aprovechando nuestra amistad con monseñor Virili, oficial de la Sagrada Congregación de ritos, nos perso– namos en la Cancillería, y , después de varias horas de inquisición, nada hallamos. Dicho señor nos dijo que de momento era difícil lo que preten– díamos , porque estaba en catalogación el siglo XVIII, regalándonos en – tonces un ejemplar primitivo del oficio aprobado impreso en la tipografía de la Cámara Apostólica , que es el del Museo de la Divina Pastora . También por carta hemos interesado la búsqueda de dichos documen– tos a personas peritas , y la contestación fué siempre desfavorable. Presupuesto lo que antecede, debemos afirmar que el oficio de la festividad de la Madre del Buen Pastor no es el oficio menor escrito y pre– sentado para su aprobación por el beato Diego . Cimentamos nuestra tesis en varias razones: 1.ª Existe un documento oficial irrecusable, donde se dice que la oración, Domine jesuchrisle Paslor Bone. .. , fué compuesta por el padre Nicolás de Bustillo, y por lo tanto no es, como se creía, original de fray Diego (1). En cuanto a·Ias lecciones ya nos dijo el apóstol, en el sermón a la Divina Pastora de Ecija , que las había tomado de san Ildefonso de To– ledo, y las aprobadas son de san Bernardo (2). 2.ª Al publicarse en 1817 el ya conocido sermón de Ecija , en su últi– ma página ponen los editores esta nota: «Era de desear. saliesen a luz los ' oficios, que propios y enteros compuso a la Divina Pastora el mismo ve– nerable padre Cádiz y se presentaron a la Santa Sede para su aprobación , que está pendiente en aquella Curia desde el año de 1796». Háblase aquí de oficios en plural y por lo tanto de los dos que había escrito. Se desea -dice-que salgan a luz : luego el aprobado no fué el del apóstol, porque de haberlo sido, ya estaba más que publicado en todos los breviarios ca– puchinos españoles , en el cual se habían añadido en 1806, cómo después veremos, las lecciones delprimer nocturno y del tercero propias, con misa también propia . 3. ª El silencio observado por fray Diego sobre la noticia de la apro– bación de la fiesta es otra prueba de lo que afirmamos . No hay un docu– mento que revele la menor impresión de su estado de ánimo. En todos sus epistolarios silencia el acontecimiento por el que tanto trabajó y que cons– tituía uno de sus grandes ideales. Ni en las cartas a su grafi amig·o el pa– dre Francisco de Asís González, a quien comunicaba sus impresiones más íntimas , ni en las del padre Eusebio, donde tantas veces Jiabló de este negocio cuando se tramitaba, ni en las del padre Alcover, sh director, en las que también había tocado el asunto cuando ·hacía las gestiones, ni siquiera en los apuntes de la novena que predicó en Sevilla en el segundo año de la festividad, se encuentra el menor rastro por el que· pudiéramos atisbar los sentimientos , que embargaron el corazón del apóstol al cono– cer la gran nueva de haber prosperado en Roma el suspirado proyecto , que durante quince años había sido el objeto de sus trabajos y afanes, de 1. D ECRETO DEL P. JUAN B. DE C ABRA en 1798, se dtará después íntegro. - 2. Véase p. 240. •

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