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SE PIDE AL PAPA LA CONFIRMACIÓN DEL NOMRRE DE PASTORA 359 voces con la Jg·lesia católica, que tantas veces la insinuó Pastora, cuantas le aplicó textos de las Escrituras, que como tal la connotaban. Levante– mos la voz de entre las turbas, y digamos al Salvador (Luc., 11 27): Bie– naventurado el vientre que te llevó y los pechos que te amamantaron. Bienaventurada sea la Pastora, que a tí, oh Cordero de Dios, te alimentó, y en tí alimentó y apacentó a todos los hombres y al universo. Apaciente ahpra a la Jg·lesia de los santos, apaciente a su Magno Pontífice y Pastor, su Santísimo y devotísimo Pío VI; y de tal modo lo apaciente, que de la plenitud de sus pastos participen todos los hombres; de tal manera lo pastoree, que no pueda hesitar en declararla Pastora, pronta y solemne– mente. ¡Oh día, oh hora , oh momento felicísimo y sobremanera deseado! ¿Por qué tardas? ¡Acelérate, ven pronto, apresúrate! ¡Ay de nosotros si tardas en llegar! , «Ea, pues, Beatísimo Padre y Señor, .como lo ansiamos, como ahin– cadamente os lo pedimos, ábranse ya vuestros labios, y anuncie vuestra boca esta piadosa alabanza para la gloria de la Madre de Dios, nuestra Pastora. Los labios, (así lo sabemos certísimamente, Malach., 2, 7), los labios del gTan Sacer·dote, o mejor, del Máximo, custodian la sabidu– ría y la ley, y por ello buscamos de su boca la verdad. Hablad, pues, ya, Señor, que oyen vuestros siervos; confirmad lo que de la Virgen Madre, nuestra Pastora, ha obrado Dios (como piadosamente creemos), en nos– otros. Oigan todos lo que nos hable el Señor por Vuestra Santidad; por– que (confiadamente esperamos),, hablará la paz para su pueblo y sus san– tos, y para aquellos que claman de corazón, y hablando a Jerusalén, la emplazan para que glorifique a la Madre de Dios y exalte a nuestra piado– sísima Pastora María. «¿Qué más? Si Dios está con nosotros, ¿quién se nos opondrá? Dios ha hablado, ¿quién no profetizará? ¿Quién callará? ¡Ay de mí, se quejaba tholica, guae toties ipsam insinuavit Pastricem, quoties Sacras ei id innuentes Scrlpturas ac– c;ommodavit. Extollamus (inquam) vocem, extollamus et mentem de medio turbarum, dica– musque Salvatori (Luc., 11, 27). Beatus venter, qui te portavit, et ubera, quae suxisti. Beata scilicet Pastrix, quae te, Agnum Dei pavit, et homines in te pavit, pascitque universos. Pascat et nunc omnem sanctorum Ecclesiam: pascat suum magnum, maximumque Pontificem atque Pastorem, Sanctissimum ac ejus devotissimum Pium VI; et ita illum pascat, ut de plenitu– dine pastus ejus accipiant universi: ita illum pascat, ut nullo modo haesitet statim ipsam solemniter declarare Pastricem. O dies! O hora! O momentum Capuccinis laetissimum, ac de. sideratissimum! Quid moraris? Accelera, festina, properato. ¡Heu, heu nobis, si non citius accesseris! Eja ergo, Beatissime Pater ac Domine, prout cupimus, prout instanter petirrius, prout supplíciter exoramus, labia vestra jam aperiantur, et os vestrum Dei Genítricís Pastricisque nostrae hanc annuntiet laudem piam. Labia enim, et nos scimus et certissime scimus, atque fatemur (Malach., 2, 7), labia enim Sacerdotis magni, potiusve maximi, custodire scientiam et legem: propterea, veritatemque requirimus ex ore ejus. Loquere ergo jam, Domine, quia audiunt serví tui: confirma hoc, quod de Virgine Matre, nostraque Pastrice Deus (ut pie credimus) ope– ratus estin nobis. Audiant et omnes super hoc, quid in Sanctltate Vestra nobis loquatur Domi– nus Deus: quoniam (ut fidenter expectamus) loquetur pacem in plebem suam, et super sanctos suos, et in eos, qui convertuntur ad cor: ad cor utique loquentes J erusalem, et advocant eam ad gloriosissimam laudandam Deiparam, ad piissimam extollendam Pastricem nostram Mariam. Quid ultra? Si Deus pro nobis, quis contra nos? Dominus Deus locutus est (Isai., 6, 5), quís non prophetabit? Quis tacebit? Vae míhí, quia tacui, ejulabat Propheta! Quoniam tacui,

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