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SE PIDE AL PAPA LA CÓNFIRMACIÓN DEL NOMBñE DE PASTORA 357 ¿Asintió fray Diego a la demanda de sus hermanos y superio;oes? Creemos probablemente que sí, al principio, aunque después optó por la conformidad y el silencio. Cimentamos nuestra hipótesis en que por este mismo año d'i' 1795 se compuso en la provincia una representación dirigida a Pío VI, editada al año siguiente, pidiéndole que confirmase el discutido título de Pastora. Está escrita en latín y su portada reza de este modo: Súplica discursiva con humilde representación y fervientes pre– ces, en la cual se propone y demuestra con muchas razones el origen y la propiedad del nombre y título de mística y benigna Pastora de las al– mas dados a la Beatísima Virgen María; y en la que, en nombre de todos los capuchinos (pero particularmente de los andaluces), se pide a nuestro Santísimo Padre y Señor el Papa Pío VI la aprobación de dicho título, por el reverendo padre fray jerónimo José de Cabra... Esta carta, por su extensión, es un libro y expone magníficamente el origen y autor del título y traje de la Divina Pastora, defiende el uso dé la palabra latina Pastrix, vocablo insólito y decadente, para traducir el de Pastora, y con textos de la Escritura, santos padres, doctores y escritor. s eclesiásticos, argumenla que la Santísima Virgen desde su predestinación y en todos los misterios de su vida mortal, hasta su Asunción g·Ioriosa a los cielos, siempre se muestra Pastora del Verbo encarnado y de las almas redimidas, sus ovejas. Resulta un trabajo laborioso, denso de ideas y muy útil para Id apologética de la advocación; pero por su objeto, que es la aprobación del vocablo Pastrix para el oficio y la misa, resulta totalmente equivocado y fuera de propósito. Mas el autor y sus secuaces vivían tan sugestionados por dicha palabra, que sólo reproduciendo las últimas pá– ginas de la carta, síntesis de toda la prolija oración, podemos tener una idea del estado de tensión y tristeza en que se hallaban. Con la fuerza, pues, de los muchos argumentos y comentarios, teológicamente bien ex– puestos, pero con un barroquismo tautológico decadente, dicen al Vicario de Jesucristo: (1) «He aquí ya, Beatísimo Padre: como lo olmos y lo vimos en la ciudad de Dios , en su monte santo; como lo oímos a los hijos de María, que se levantaron para predicarla beatísima, aclamándola Pastora; como oímos a su Esposo, el Espíritu Santo, alabándola y diciéndole: Muchas hijas con~ gregaron riquezas, pero tú las superas a todas; así vimos en la ciudad de Dios, en el monte santo de su habitación, a Aquella, que por su dignidad sobresale con ITJáS riquezas, que las reunidas por todas las vírgenes y los justos, que apacentaron la grey de las almas. 1, A CONTINUACIÓN PONEMOS EL TEXTO LATINO PARA QUIEN DESEE CONOCERLO: •En jam, Beatissime Pater, sicat audivimus, sic vidimus in civita.te Dei nostri, in monte sancto ejus: sicut enim audivlmus Mariae filios, qui surrexerunt, et beatissimam praedicave• runt, Pastricemque acclamavenmt: sicut audivimus et Virum ejus Spiritum Sanctum ipsam laudantem, eique dícentem: Multae fil!ae congregaverunt divitias, tu supergressa es u:i.iver• sas: sic tamen et in ipsa vidimus, civitate nempe Dei nostri, monteque sancto habitationis ejus, quae universis divitiis, quas cunctae congregavenmt filiae, cunctaeve animae t1stae, animarum greges pascentes, supergressa est excellentissime universas,

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