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356 LA DIVINA PASTORA Y EL BTO. DIEGO J. DE C, tierras cristianas, como se hizo en el siglo XVIII en casi toda Europa, sino también en las mismas de Propaganda fide, donde se difundió su culto desde su origen hasta nuestros días. No olvidemos nunca que la Silla Apostólica concedió a los capuchinos españoles el patronato canónico de la Divina Pastora sobre todas sus misiones. En el célebre Decreto aprobatorio de la festividad habráse advertido que en él no figura el procurador o el ministro general de la Orden, y en cambio aparece, debido a las regalías nacionalistas , el padre Nicolás de Bustillo, que en su cualidad de definidor por España y en nombre de los capuchinos españoles, de cuya representación había sido investido , su– mándose a ellos y secundando la idea original de fray Dieg·o por cuya rea– lización venía el apóstol sacrificándose durante quince años, pide oficial– mente a la Santa Sede la precitada fiesta, concedida , al fin, por la benig– nidad de Pío Sexto. Ahora debemos estudiar una cuestión episódica , que trajo consigo cierta contrariedad y pesadumbre a los capuchinos andaluces: tal es el cambio introducido por la Santa Sede, sustituyendo el título de Divjna Pastora por el de la Madre del Buen Pastor Jesucdsto. Pasadas las primeras gratísimas impresiones con que se recibió el decreto papal, algún religioso advirtió el cambio y sustitución indicados, y corriendo la éspecie de uno a otro, formóse en la provincia un estado de preocupación y desencanto; porque creyeron, injustificadamente, que !él Sélntél Sede no hélbia aprobado el título de Pastora. No fué así, porque lo que hizo con su intuición infolible, iluminélda por el Espíritu Santo , fué mejorar el título, encuadrándolo en el tecnicismo teológico y en las nor– mas litúrg·icéls, Es lél Maternidad de la Virgen la fuente de todas sus pre– rrogéltivas, y de ellél se vale la lglesiél para expresélr léls grandezas y ex– celsitud de María casi infinitéls. Por otrél pélrte ha rehuido siempre que el éldjetivo divjno connote for- t malmente a la Virgen , porque es propio de solo Dios , y, rigurosamente hablélndo como hél de hélcerlo el Papa en sus documentos, no puede aplicarse a María. Así, pues , la lglesiél, órgano infalible de !él verdéld, sin reprobélr ni prohibir que, vulgarmente y en sentido amplio, se llélme a !él Virgen Pélstora Divina de las almas, en !él liturgia ordenó lo más propio y teológico, perfeccionando y mejorando dicho título, que gana intensidad y amplitud en sus conceptos doctri1rnles , como el de Méldre de Dios, Madre d,zl Creéldor, Madre del Salvador. Otro télnto hélbríél que decir del vocélblo Pastora, que no tiene corres - { pendiente en la lengua léltinél, y por este motivo, como se vió en el memo– rial de fray Diego él Pío VI, se usó allí el sustantivo Pastor, calificado unas veces en masculino y otras en femenino: todo lo cuéll debió ser advertido por los asesores de la Sagrada Congregación y por ésta corregido, dán– dole en definitiva la forma más propia y adecuada a la liturgia católica. No lo entendieron en tal sentido los nuestros , y de aquí su disgusto , y el intento de remediar lo que creían un mal para Ia advocación. Tan hon– da y trascendental llegó a ser su pesadilla, que acudieron al apóstol gadi– tano, para que nuevamente se dirigiera al Papa y con su amistad e influen– cia éllcanzase la aprobación del titulo, tal como ellos lo entendían.
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