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354 LA DIVINA PASTORA Y EL BTO, DIEGO J. DE C. rusalén, donde el Cordero Sacrificado será la luz de la gloria y el objeto de la dicha eterna de la grey predestinada. Apliquemos esta doctrina al oficio litúrgico de la Divina Pastora, y ve– remos como la lleva encarnada desde el principio hasta el fin, parcial o totalmente, en cada una de sus frases. _. · Sólo en el título, la fiesla de la Bfenavenlurada Virgen MarÍa, Madre del Divino Paslorjesucrislo, tenemos la síntesis teológica de todo lo ex– puesto. Madre, no sólo en cuanto a la Persona, sino también en cuanto a su oficio de Pastor: idea soteriológica, que nos lleva de la mano a su Ma– ternidad espiritual, cuyas funciones constituyen su místico y universal pastorado sobre las almas por ser Pastora del Cordero de Dios. Todos estos conceptos son más claros y explícitos en la oración aprobada. Basta su lectura para captar la plenitud dé unión de María con su Santísimo Hijo en la obra de su divino pastorado. ¿Qué otra cosa sig– nifica aquella invocación: Señor mÍo Jesucristo, Paslor Bueno, que diste la vida por tus ovejas, y estando pendienle de la cruz, nos encomendasle a fu Madre Virgen como a pueblo, que somos luyo y ovejas de fu rebaño? ¿Qué, aquella otra súplica subsiguiente: Concédenos, por su intercesión, que siguiéndote a lí, como Paslor nueslro en la fierra, seamos conduci– dos después a los paslos de la vida eterna en el cielo? No ciertamente otra cosa que el cúmulo de funciones que ejerció y ejerce la Virgen María sobre el Pastor Divino, su Hijo, y, con El, sobre todas sus ovejas en orden a la predestinación, justificación y glorificación. Nótese bien cómo en la proclamación solemne de la Maternidad divina en el Calvario va explíci– tamente entendido su pastorado, al encomendar Jesús su pueblo y sus ovejas a su Madre, por cuya intercesión se pide la santidad en la tierra y despué,5 el ser apacentado en la gloria. Nótese también que todas estas relaciones entre el Buen Pastor, la Divina Pastora y su grey tienen un va– lor extensivo extraordinario en las páginas evangélicas, lo que, fuera de los grandes misterios_marianos, con dificultad podría decirse, con tanta propiedad, de otras advocaciones de la Virgen. Las lecciones de san Bernardo, escogidas para el oficio de la Divina Pastora, nos llevan a largas y profundas consideraciones con su analogfo sobre todo lo dicho; mas, para no ser prolijos, insinuaremos siquiera los asuntos principales. En la primera lección sorprendemos dos grupos, el de Adán y Eva, cau~ando la ruina del hombre; y el de María y Jesús, restaurándolo en un orden superior con más eficacia, que lo perdió el virus del pecado: Jesús, Supremo Redel)tor y Mediador entre Dios y los hombres; María Correden– tora y Medianera universal entre su Hijo y el género humano. En la segunda se establece el reino de la misericordia para la Virgen, y se condensa tan consoladora prerrogativa en las últimas palabras: Ma– ría toda es suave, a lodos ofrece leche y lana. Dos grandes símbolos de su pastorado, la leche, que significa la gracia y el Pan eucarístico con que apacienta su mística grey; la lana, el cuidado y solicitud con que las de– fiende de sus enemigos y de todo mal. La tercera lección es un invitatorio a todos los hombres y más al pe– cador, retándoles a que estudien en los evangelios la vida de la Virgen, y si encontraran en ella algo adverso, duden también de todas sus virtudes y teman acercarse a su trono. Pero ciertamente no hallarán en María sino la plenitud de la piedad, pues se ha hecho toda para todos: para los

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