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350 LA DIVINA PASTORA y BL BTO. DIÉGÓ J. oe c. chinto Episcopo Sabinen, S. R. C. Praefecto, a .su pradicto Fidei Pro– motore, et me -infrascripto Secre– tario revisis, et approbatis. Die 1 Augusti 1795.-J. Card. Archintus Praefectus. - Loco t SigillL-D. Coppola , S. R. C. Secretarius » (1). como en la fiesta de las Nieves, con las supraescritas oración y lecciones del segundo nocturno propias, revisadas y aprobadas por el eminentísimo y reverendí– simo señor cardenal Archinto, obispo de Sabina, prefecto de la Sagrada Congregación de ritos, por el mencionado promotor de la Fe y por mí, el infrascrito secreta– rio. Día 1 de agosto de 1795.– J. Card. Archinto, prefecto. - D. Coppola , Secretario de la Sagrada Congregación de ritos ». La lectura de este documento pon tificio nos sugiere profundas y va– riadísimas consideraciones, que debemos analizar específicamente. Tales son: el unir o identificar el pastorado de María con su Maternidad divina, íntegramente tomada; el llamar a la Divina Pastora, nominatim, potentísi– ma medianera entre el Divino Pastor y las almas, sus ovejas; el declararla Patrona canónica singular de todas las misiones de los capuchinos espa– ñoles; el cambio del título, objeto de la fiesta , en que se ha sustituido el nombr·e de Pastora por ~I de la Madre del Buen Pastor, Jesucristo; y por último, la duda que flota acerca del autor del oficio aprobado por la Santa Sede, es decir, si es o no el que fray Diego había compuesto y enviado a Roma. Estas cuestiones queremos tratarlas en capítulo aparte, recogiendo sólo ahora otros dos repectos: la adhesión de todos los capuchinos de España ante la Curia Romana para la aprobación del oficio y misa de la Pastora, y los primeros efectos que causó en los capuchinos andaluces la noticia del decreto que instituía la deseada fiesta litúrgica. En cuanto a lo primero, sea dicho para gloria de las provincias de Castilla, Aragón, Cantabria, Valencia y Cataluíiia, que su unión fervorosa y entusiasta a la de Andalucía, reforzando en Roma las gestiones de fray Diego, es un hecho innegable del grande amor y devoción, que desde su origen profesaron las mismas a la Virgen María, bajo el nuevo título de Pastora Divina de las almas, declarándola, como ya vimos, Patrona de sus misiones, según consta en algunos documentos, pinturas de estandar– tes y estampas de propaganda. Pero el mismo decreto lo proclama abier– tamente, pues dice que las preces que elevaba al trono pontificio el padn: Bustillo eran en nombre de todos los capuchinos españoles: y fray Angel de León, recalcando la especie, comenta así el fausto acontecimiento: «Las provincias de capuchinos de España y América han elegido por Patrona de sus misiones a María Santísima con el título y traje de Pastora, solici– tando de la Santa Sede la canonización de este nuevo título y traje de nuestra Señora, sobre lo que trabajó , entre otros capuchinos, el padre 1. Copfa de un ejemplar editado RoMAE, TYPIS R,Ev. CAM. APOSTOLICAE 1795. Se conserva en el Museo de la Divina Pastora.
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