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FIESTA LITÚRGICA DE LA MADRE DEL DIVINO PAS'tOR IN II. NOCTURNO Lectio IV Sermo Sancti Bernardi Abbatis. Sermo 6. de Assumplione Virginis. Vehementer quidem nobis, di– lectissimi, · vir unus, et mulier una nocuere; sed gratias Deo , per unum nihilominus virum, et mulie– rem unam omnia restaurantur, nec sine magno foenore gratiarum. Neque enitlíl sicut de!ictum, ita et donum, sed excedit damni aesti– mationem beneficii magnitudo. Sic nimirum prudentissimus et cle– mentissimus · artifex, quod quas– satum fuera!,. non confregit, sed utilius omnino refecit, ut videlicet nobis novum formare! Adam ex veteri, et Evam tran-sfunderet in Mariam. Et quidem sufficere pote– rat Christus; siquidem et nunc om– nis sufficientia nostra ex eo est; sed nobis bonum non eral esse hominem solum: Congruum ma– gis, ut adess.et nostrae reparationi sexus uterque, quorum corruptio– ni neuter defuisset. Fidelis plane et praepotens, mediator Dei et homi– num, homo Christus Jesus, sed divinam in eo reverentur homines majestatem. Absorta videtur in deitatem humanitas; non quod mu– tata sit substantia, sed affectio deificata. Non sola illi cantatur mi– sericordia, cantatur pariter et ju– dicium; quia et si didicit ex his, quae passus est, compassionem, ut misericors fieret , habet lamen et judiciariam potes.tatem. Tu au– tem Domine etc. EN EL II NOCTURNO Lección IV Sermón de san Bernardo Abad (Sermón 6 de la Asunción de la Virgen) Letalmente, hermanos míos, un hombre y una mujer nos mata– ron; pero rindamos gracias a Dios, porque también por un hombre y por una mujer todas las cosas han sido restauradas con gran lucro d.e gracias. No como fué el delito, ha sido la merced; sino que ha ex– cedido la bondad del beneficio a la malignidad del daño. Así pues, el prudentísimo y clementísimo Crea– dor no cercenó aquello que estaba dañado, sino que con más utilidad del todo lo rehizo, para formar en nosotros el nuevo Adán del viejo, y para cambiar a Eva por María. Y aunque, en verdad, Cristo es su– ficiente, pues toda nuestra actual suficiencia de El nos viene, sin embargo no era bueno para nos– otros que el hombre estuviese so– lo, sino que convenía más a nues– tra reparación la presencia de los dos sexos, que habían causado nuestra ruina. El hombre Cristo Jesús es plenamente el fiel y pode– rosísimo Mediador entre Dios y los hombres; pero la majestad di– vina, que en El se halla, no deja de atemorizar a los hombres. Su humanidad se ve absorbida por la divinidad; no porque haya muda– do su sustancia, sifío porque ha sido por la unión hipostática deifi– cada. Se le atribuye no sólo la mi– sericordia, sino juntamente la jus– ticia; pues, aunque para hacerse misericordioso aprendió por sus sufrimientos la compasión, posee, sin embargo, la potestad de juzgar a todos, ·
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