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344 LA DIVINA PASTORA Y EL BTO. DIEGO J. DE C. do voluntario del ilustre y antiguo Regimiento de Sabaya (1 ); obra pre– ciosísima, siempre actual, porque es un verdadero código de los deberes religiosos y castrenses de todo militar católico en la aaz y en la guerra, en el cuartel y en los campos de batalla. Quiso el beafo Diego que, antes que fuese conocida por el público, se ofreciesen los primeros ejemplares a los reyes (2), y se los envió mediante el ilustrísimo padre confesor, según le escribe a su íntimo el padre Francisco de Asís González, encargado de la edición (3). · Tercero: A estos dos memorables escritos, podemos añadir un hecho de gran resonancia, y fué el triduo, que predicó en la plaza del Santo Cristo de los faroles de Córdoba ante nuestro convento de capuchinos. Escribien– do a su director sobre el Memorial a Carlos IV le dice: « Me he resuelto a fecharlo en el día y en los términos que va, porque habiendo pr~;(¡licado en Córdqba los días 9, 10 y 11 por tarde y por mañana en las funciones, que hizo allá la provincia, en la exaltación de una primorosa imagen de nues– tro Señor Crucificado, para desagravio, y remitiéndqme los impresos de ella a Madrid para que los vean los reyes nuestros señores, me pareció oportuno que llevase la fecha de allí» (4). Promovía estos cultos nuestra provincia, según dice fray Diego, por la felicidad de la guerra, y los asuntos que trató fueron muy interesantes y patrióticos, exponiendo el peligro que corría el rey y la necesidad de alistarse a las filas del ejército para su defensa y la de la Religión. En un momento álgido del discurso citó aquel episodio, cuando David, persegui– do por el rey Saul, burlando en una noche la vigilancia del general Abner y la de los guardias del rey, que dormía en su tienda, llegó junto a Saul, y, en vez de quitarle la vida, tomó su lanza y el vaso de agua, que allí tenía y, re– tirándose, comenzó a gritar:-Abner, Abner, ¿no eres tú el capitán rnler o– -so, que custodias la vida del rey? Pues mira, uno ha entrado en su cámara para matarlo. ¡Vive el Señor, que so is digno demuerte, porque no habéis guardado a vuestro señor, al ungido de Dios! Mira donde está la lanza y vaso de agua que estaban en su cabecera (1 Reg. XXVI)-. Al aplicar este caso a España y al peligro que corría su rey por los invasores, lo hizo con tanto fuego y energía, que en el mismo acto much;os jóvenes pasaron a alistarse en los ejércitos para defender la Religión, la patria y su mo– narquía . . Estos tres acontecimientos, tan favorables al trono, no pudieron me– nos de conmover a los reyes y recordarles que tenían pendiente con fray Diego el asunto de la Divina Pastora, Si no estaban informados de su triste desenlace, lo conocieron ahora; y si eran sabedores de lo ocurrido, reconocerían su ingratitud y la repuesta poco gallarda con que habían co– rrespondido al apóstol, despertando en ellos el deseo de rectificar lo pa- 1. Con licencia, Ecija, por D. Benito Daza. Año 1794. Dada la escasez de libros que tratan de esta materia, se haría un gran beneficio reeditando esta obra para que estuviese al alcance de jefes y soldados. - 2. Carta al padre Francisco de A. González, 22 de julio del 1794. -- 3. •Hoy escribo al Ilmo. padre confesor avisándole de los 24 ejemplares que se le mandan por mano de ese religioso, para quien es la adjunta y a quien se entregarán en Ma– drid. Mi director dispone que vayan por esa mano ,. Carta, 30 de septiembre del 94, - 4. 14 de mayo de 1794.

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