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LA GUERRA DE FRANCIA Y FRAY DIEGO las fronteras, donde fueron Sl!peradas por el enemigo que penetró en Ca– taluña y tornó sucesivamente a San Sebastián, Vitoria y Bilbao, invadió a Navarra y puso sus miras en la plaza fuerte de Pamplona. La tribulación se hacia cada vez más angustiosa y alarmante, ag-ravada en los primeros meses de 1795 por ciertas explosiones republicanas de algunas provincias afectas a la revolución francesa. Nuestros reyes vieron que les amenazaba el gran peligro de ir a la gui ll otina, como sus parientes, y de que toda Es– paña cayera en brazos de la Convención, obrando a su dictado. Persona autorizada nos ha dicho, sin comprobarlo, que en este apu– rado trance escribi ó la reina al beato Diego, pidiéndole sus oraciones para el feliz término de la guerra . No es inverosímil el caso, aunque más bien creemos que lo hici.era mediante la citada camarista doña Alfonsa García. Pero es ciert.o que en julio se firmaba la paz de Basilea, devolviéndose a España todos sus territorios perdidos con los menajes de guerra, a cambio de la parte españo la de la isla de Santo Domingo (1 ), y que por esta fecha se advierte en la Curia Romana un cambio favorable al expediente de la fiesta de la Divina Pastora, como efecto de lo que se ha dicho y lo corro– boran los tres hechos siguientes. Primero: cuando supo el padre A lcover el trágico cariz de la guerra, lleno de espanto, temió que nuestra derrota fuese un castig·o a las infideli– dades de España, y mandó a fray Dieg·o, urgiéndole, que escribie~e un memorial a Carlos IV, anunciándole los medios convenientes, para evitar la ruina y estragos de la guerra, en la que peligraba su trono y la religión, como había sucedido en Francia con escándalo del mundo, A pesar de la gran repugnancia que sentía eJ beato para dirigirse nuevamen– te al rey , después de la situación tan desairada que le había creado con su anterior negativa, obedeció sumiso al padre Alcover y escribió el céle– bre MemorÍal a Carlos JV(2), y lo hizo llegar a las manos del monerca, quien , a vistél de é.l y de lo que le decía, ordenó que se hiciesen rogativéls públicas por toda Españél para élplélcar la ira de Dios , colmada con )éls im– piedades del siglo (a). Segundo: Al propio tiempo escribíél fray Diego El soldado cafólÍco . en guerra de relÍgÍón, carla Ínstruc!Íva ascé!Íco-hÍsfódco-polítÍco en que propone a un soldado católico la necesjdad de prepararse, el modo con qué lo ha de hacer y con qué debe manejarse en la actual guerra contra el Ímpío par/Ído de la ÍnfÍel, sedÍcÍosa y regÍcida Asamblea de r'randa.. ., dirigida a su sobrino don Antonio Jiménez Caamaño, soldado distinguí-, l. Fray Diego se lamentó de esta cesión y decía: ,¿Qt1ién... hará (misión) en la isla de Santo Domingo cedida a los franceses? ¿Qt1ién predicará en aqt1eÍla catedral primada dé las Américas? ¡Santo Dios! ¿Vuestra casa y pueblo dado a vuestros enemigos? ExuRGE¡ DOMINE, ADJUVA NOS, ET LIBERA Nos PROPTER NOMEN TUUM•. Carta al padre Francisco de A. González, 12 de septiembre de 1795. Casi un siglo después fueron los capuchinos andalt1ces a cumplir lo deseos del apóstol. - 2. MEMORIAL DEL REY NUESTRO SEÑOR (Q. D. G.) sobre los medí:is es– pírítt1ales para el buen éxito de la presente guerra, contra la sediciosa ./\samblea de la Fran– cia, año de 1794, se dirigía por el M. R. P. Fr. Diego José de Cádíz, misionero apostólico ca– pt1chino.-Obra .póstuma - Sevilla: en la imprenta de don Agt1stfn Núfiez, afio de 1813. - 3. , Parecieron las rogativas públicas, no sé sí de r~st1ltas del memorial, porqt1e el padre c.onfes9r nada me ha avisado, como me lo prometió•. Carta a Alcover, 2 de agosto del 1794, y al padre Francisco de Asís González, 19 de id.
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