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328 LA DIVINA PASTORA Y EL BTO. DIEGO J. DE C. reprensión para aquellas religiosas, pero también para todos los que de algún ·modo desfiguran el sublime y misterioso símbolo del pastorado de · la Virgen, queriendo pone· en sus imágenes un plasticismo bucólico y pro– fano, que amengua su significado y le arrebata piedad y grandeza (1). El otro hecho se refiere a una Heri11and::'ld de la Divina Pastora que fundó el beato, cuya noticia ha llegado a nosotros por la tradictón. Sábese que fray Diego, al salir de su retiro de Casares fué para acompañar al obispo de Córdoba, don Antonio Caballero y Góngora, en la santa visita, y el prelado !'ie pÜso bajo su dirección espiritual, hasta que le buscó otro que lo sustituyese (2). Con este motivo predicó una misión al clero de Lu– cena (3), en cuya ciudad estuvo varias veces en años posteriores. En una de ellas debió haber erigido la Hermandad, aunque creemos lo más pro– bable que lo hizo cuando acompañaba al señor Góngora. Este prelado fué primeramente obispo de Mérida en el Yu¡;:atán, des– pués efrzobispo de Santa Fe de Bogotá, virrey, gobernador y ¡caDitán ge– neral del nuevo reino de Granada, hasta el 1788 en que volvió a España para posesionarse del obispado de Córdoba. Fué·siempre protector de literatos y artistas y de todo lo que fuese cultura. Por haber favorecido al botánico Mutis, se le dió a una planta el nombre de Qjngora, inmortalizando su apellido. En América fué devotísimo de la Orden capuch_ina, y debió serlo tam– bién de la Divina Pastora, cuando ,los misioneros le dedicaron una plan– cha de cobre, valioso recuerdo del arte colonial, con la incisión de la Pa– trona de sus misiones para hacer grabados, en los cuales la augusta Pas– tora, «como Divina Capitana corrió las ardorosas playas del mar Caribe, subió los riscos de las más altas montañas andinas; cruzó los ríos y los valles; y los silbos amorosos de nuestra solícita Pastora penetraron hasta las selvas de los infieles salvajes americanos, y millares de corazones la conocieron, la amaron y la sirvieron con cariño filial» (4). En Córdoba fundó el prelado una escuela de bellas artes, de la cual salieron muchas pinturas de la Divina Pastora, como pueden verse hoy en el pé: rtico de capuchinos de dicha ciudad, en el Museo de la Divina Pasto– ra y en otros lugares (5). Entre todas ell,~s merece especial mención una que hay en la parroquia de san Mateo de Lucena y es la que creemos ideó fray Diego para titular de la Hermandad. La pintura mide unos dos metros de alto y está enmarcada en un pre– c\oso retablo con penacho y repisa. La Divina Pastora aparece en el cen- 1. Trovandosi nell'anno 1793 ne! parlatorio del convento delle Religiose Carmelitane di S. Anna in questa citta, 11 servo di Dio in presenza della communitá, di donna María García de T arres, madre del testimonio, ora defunta, · e dí donna María del Carmen Reina, moglie del testimonio, pure defunta, e di altre persone, lo invitarono accio vedesse una piccola effigie .della Madre del Buen Pastare, vestita ed adorna secando lo stile di quel tempo, ed invítate dalle religiose acció la guardasse, non lo poterono conseguire, contentandosi di responder lo– ro, che quella non era la sua Madre, la quale non aveva mai fatto uso di quegli abiti•. Proc. de beat. sum. de virt., p. 189. - 2. Carta al_ padre Alcover, 18 de noviembre de 1790. -3. Id. 20 de diciembre.-4. P. Modesto de Albocárcer, fa ADALID SERÁFICO, año 1927, p. 148. Dicho padre fué quien descubrió la plancha hace unos veinte años en manos de un indio, a quien se la compró. - 5. Todas se conocen por la parquedad de sus medias tintas y colorido. Son muy agradables y piados.is .
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