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LA DiViNA PASTORA Y EL i3to. blEGO j. DE C. Sabido es que la cabeza de las efigies de la Virgen se representó pri– mero, cubierta con el manto o toca hebrea, después con la cofia medieval y por último con la mantilla de encaje sevillana, según el uso que hacía la mujer de estas prendas en las diversas épocas (1). En el siglo XVlll inva– dió el mal gusto de vestir las imágenes de talla con sedas y brocados a la moda del tiempo y con este fin se mutilaron las más bellas esculturas ma– rianas. Esto que es reprobable en todas las efigies , en las de la Pastora tiene avances· peligrosos, porque los arreos y prendas pastoriles se prestan más al abuso y profanaci ón. Y esta fué la realidad en los tiempos del bea– to. Se comenzó por cubrir la cabeza de la Virgen con el sombrero p,asto – ril, o pamer·a, y des pués con el de tod os los tipos de moda , hasta el de a lo Pompadour. Deformóse· la pellica y se le añadieron a la túnica lazos, .adornos y flores al gusto de las modistas. A principios de este siglo, aún vimos que la devota ima gen de nuestro convenio de Antequera vestía en cuerpo gentil sin rúanto, y porque un día se lo puso el padre guardián , fué i11olivo para que los camar ~ros dit11itieran y en su enojo no titubearon en arrancar del seno de la Virgen al N iño , que mucho antes le habían com– prado; a la encantadora y artística imagen pequeña de los capuchinos de Madrid, talla de singular mérito , le labraron un hongo d.e copa alta, de ma– dera; y la nuestra de Sevilla, tan herma - a y piadosísima, usaba un traje, todo grana, con boleros de oro, cambián.dosele el pellico por una blusa, llamada a la forera, con el_pecho ceñido entre las dos grandes solapas, Todo esto cons tituía una verdadera profanación que a poco a poco se ha ido desterrando , particulqm~-~nte desde el 1921 en que fué coronadi:l.. Pero vengamos al caso : un día de los que pasó fray Diego en Sevilla -durante el año 1793, hubo de ir al convento de santa Ana, donde como se ha dicho, tenía una. sobrina religiosa y varias dfrigidas. Ella, la comuni– dad y aJg-unas familias quisieron dar .una impresión grata al beato, presen– tándole én el locutorio :una imagencita de la Pastora, vestida con los ata– vío::¡ de la moda de aquel tiempo. E l santo , advirtiendo el abuso y profa– .nación, fijó más sus ojos, de lo que solía , sobre la tierra y por más que la1, religiosas·le porfiaron para que la mirase , no pudieron lograrlo , y muy contristado y pesa.roso, solamente les dijo: - Esa imagen no. es la de mi Madre, pues nunca usó tales vestidos-. R~probación merecida , y dura L Sobre el origen de la mantill a sevillana dicen nuestras crónicas: •D: Fernando de Valdés y Quirós, corregidor de la ciudad de Córdoba vino a ser asistente de Sevilla el año 1752 hasta el l'756. Su mujer doña Rafaela Bazán introdujo en Sevi ll a el us_o de las mantillas en las mu– jeres, que ad~ptaron de tal modo que ha llegado hasta el presente al grado del lujo más exce– s ivp, vario , indecoroso y expendiese en mantillas, sayas y trajes, lo ciu.e ~ o sucedía así cOn el uso de los mantos, que siempre habían traído y usado las señoras sevillanas, que las hacían honestas y respetables hasta de los ·hómbres más desenvueltos. ·Esta señora, ya viuda, se reti– ró a ha~er.penitencia' y llorar sus pecados al beaterio del Pozo Santo de esta ciudad, a donde cori' su ejemplo, se· juntaban otras señoras de la primera calidad a servir a las enfermas y her– manas, y tener ejercicios espirituales bajo la dirección, entre otros, del P. -fray Diego José de Cádiz, como lo anota el -R. P. Fr. Felipe M.ª de Ardales, guard ián de este convento el.1775. Fr. Angel, o. c., l. 1.º, f. 55. - .¿Qué diría este_religioso al ver el desenfreno provocativo del vestuapio de las mujeres de hoy, que ha hecho que la mantilla sea una prenda de ornato moral?
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