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MBMOl?IAL DB FRAY DIBGO A LA RBINA 321 libro de actas del ayuntamiento, donde se dice que el padre provincial, fray Felipe de Ardales, dió las gracias en nombre de toda su Orden a fa1 corporación munic-ipal por las diiHri,ci0nM-•~e:éhas al apóstol y taumatur– go de España (1). Tres meses pasó fray Diego en Sevilla, y en todo este tiempo es muy natural que hablara s.óbre el asunto pendiente del oficio y · misad~ la Di– vina Pastora, estancado eh la Curia Romana durante varios años, y en estos últimos totalmente dormido. Tan prolongada detención apenaba mu– cho al apóstol de la Divina Pastora. Las conversaciones debieron cele– brarse con l?l padre provincial fray Felipe, quien debió decirle que n~da se había decidido en Roma; y con sus favorecedores, el señor arzobispo y el canónigo Salcedo, a ·quienes como se sabe, había pedido su concurso para el eficaz y pronto despacho. Ambos debieron contestarle en el mis– mo sentido gue en 1789, esto es, que sin la intervención del rey o d~ la reina sería nulo y sin efecto cualquier otro influjo. A fray Diego, que estaba escarmentado por su traca.so en el recurso al confesor de Carlos IV, repugnábale repetir a.hora la misma suerte; pero al fin venció el amor de la Div"ina Pastora y se decidió a pedir su apoyo a doña Alfonsa María García de la Peña, camarista de la infanta María Jose– fa, y le escribió lo siguiente: •Si halla vuestra señoría ocasión oportuna, le' suplico, por el amor -de Dios, que se digne recomendar a su majestad ja r.eina . nuestra señora la recomendación de sus majestades, para que en Roma se conceda el oficio de la Divina Pastora, y si el excelentísimo se– ñor duque de Alcudia se hace garante de este negocio, juzgo que saldre- mos bien de esta piadosa pretensión» (2). · Dicha señora era dirigida del beato, a · quien llamaba la llorona por quejumbrarse en sus cartas, y tomó a pecho el encargo de su director, tra– tándolo cbn la reina. Esta debió contestarle que fray Diego le hiciese una representación acerca del objeto que fe interesaba (3). Ante misiva tan perentoria hablaría fray Diego consigo mismo dicién– dose: - La reina es doña María Luisa, a'quella princesa que en Aranjuez me abrió los secretos de su conciencia, me llamaba su padre, me pid ió lá bendición y encomendóse a mis orac_iones. Tal vez sea ella el instrumento de que Dios quiera valerse para terminar felizmente la causa. · l. «Sábado 24 (marzo 1792). Recibimiento de los honores de 24 más antiguo al M. R. P. Fr.. Diego de Cádiv . .L. DE ACTAS del ayunt. de Sevilla, t. 120, ff. 38 y s. ARcH. MUN_ICIPAL, escrib. 2." Después de haber tomado posesión de su asiento fray Diego, celebró la ciudad otra sesión en la qu~ tomó tres acuerdos: Primero, pedir para imprimirlo el original de la arenga que con aquel motivo había pronunciado; segundo, satisfacer los deseos del mismo, erigiendo en Sevi– lla un triunfo a la Santísima Trinidad; y tercero, en inteligencia de lo que la expresó el señor procurador mayor, relativo a haberle visitado el M. R. P. Felipe de Ardales, provincial d«; RR. PP. capuchinos de esta dicha Andalucía, para que a nombre de su general diese las ¡;ra-– cias a la ciudad por el honor que le dispensaba ·a su santo hábito en la persona del M. R. P. Fr. Diego de Cádiz; que el mismo señor procurador mayor contestase, asegurando en nombre de ella le eran de singular aprecio las atenciones que con este mot¡vo le merecía, y que sentía no tener otros medios de acreditar el verdadero amor que profesaba al enunciado M. R. P. Fr. Diego, para emplearlo en su obsequio,. Ib., y en PRELIM. DE ÜRACIÓN GRATULATO;:JA.- 2: Carta '23 de abril de 1793.- 3. •Habiendo puesto un memorial a sus majestades de orden d~'la reina nuestra señora', Carta al padre Akover, 17 de enero de (1794). 41

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